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jueves, 28 de junio de 2018

Maderista o maderero



Comercialización de la madera en rollo
  
Joaquín Fuster Auset en Campo (Huesca)
La comercialización consiste en llevar los productos obtenidos a partir de una materia prima, que en este caso es la madera, hasta el cliente o consumidor, que los necesita para satisfacer diferentes necesidades. En realidad, la primera transacción que se lleva a cabo en este proceso de la comercialización de la madera es la venta de los árboles. Viene después otra transacción comercial: éstos árboles transformados en trozas y residuos se venden a determinadas industrias, ya sean serrerías, papeleras, etc. Y un escalón más en este proceso, es la venta que hacen las serrerías, papeleras, etc. de la madera aserrada, papel, etc.
 Tiempo atrás, la madera se encontraba omnipresente en todas las actividades humanas. Si era indispensable para construir las casas de nuestros antepasados (junto con la piedra), también se necesitaba para hacer los útiles de trabajo (en muchos casos junto al metal), o para construir carros, puentes, etc. Así pues, la madera se utilizaba como materia prima, como combustible, como herramienta. En siglos pasados el hombre podía auto abastecerse para cubrir estas necesidades, después, cuando leyes y ordenanzas lo impidieron, surgió una nueva actividad profesional para satisfacer esta demanda, que fue la de maderero o maderista.
Se llama madera en rollo la madera sin transformar, tal como se presenta una vez apeado el árbol, con o sin corterza, y puede ser redonda, rajada, escuadrada o en otras formas. En el mercado español se distinguían con los nombres de rollos, rollizos, cabríos y maderos redondos, los palos descortezados de pino, pinabete, chopos, castaño, etc. cuyas dimensiones oscilaban entre 2 y 12 m. de longitud y de 6 a 55 cm. de diámetro, piezas que recibían diferentes nombres según la provincia.
En Aragón, antes de que se implantara el sistema métrico decimal, existía todo un sistema de medición, con su terminología propia, con el que se designaba cada tronco según lo que medía: al docén le correspondían 12 medias varas de largo y nueve dedos de diámetro, es decir, aproximadamente 4,80 m. de largo. El tronco del catorcén medía 14 varas de longitud y un diámetro de 10 a 13 dedos, unos 5,40 metros de longitud, etc. Otras denominaciones eran las entenas, trallos, etc.
La madera en rollo destinada a fines industriales puede presentarse en estado natural una vez apeado el árbol con o sin corteza (por ejemplo los postes de transmisión), o bien utilizarse como materia prima, destinada a convertirse en producto industrial (madera aserrada, pasta, etc.). 
Al iniciarse el siglo XX la madera en rollo que más se comercializó fueron los postes, que se necesitaban para la instalación de las líneas telegráficas, telefónicas y de conducción eléctrica. Se empleaba para ello la madera de pino creosotado y castaño bravo.
Comida en el monte con los picadores

Sierras funcionando con electricidad. En qué consistía la nueva tecnología, dónde se compraban las nuevas aserradoras

Con la utilización de la energía eléctrica se introdujeron las sierras de movimiento continuo, de las que, básicamente, había dos tipos. Las llamadas sierras circulares o de disco y las sierras de cinta
La sierra de disco constaba de la hoja, que era un disco de acero dentado en su circunferencia, montado sobre un árbol motor. Se empleaba para realizar cortes longitudinales, transversales y con ranuras.
La sierra de cinta, inventada en 1811, no se difundió hasta que no se le aplicaron las mejoras introducidas por Périn, hacía el año 1848. Dado su gran rendimiento, fueron estas sierras de cinta las que más se difundieron y los fabricantes de las mismas las adaptaron a todo tipo de trabajo, presentándose fundamentalmente como sierras de carro, destinadas al aserrado y tableado de troncos y piezas grandes, y sierras de mesa, para los trabajos de taller.
La sierra de cinta, que son las más usadas actualmente, está formada por una cinta de acero que gira sobre dos poleas dispuestas en el mismo plano vertical. La tensión de la hoja se consigue mediante el ajuste de la separación de las poleas. La cinta suele estar recubierta para evitar que su rotura pueda provocar accidentes. La mesa de trabajo contiene guías que permiten dirigir la madera durante el corte. Se emplea para cortes longitudinales.
En las antiguas sierras de carro que se encontraban en nuestros pueblos, los carros eran de madera, de unos dos metros de longitud y provistos de ruedecillas metálicas, que se deslizaban por unos raíles también metálicos, y eran empujados por un hombre por carro, que eran los serradores. Los raíles estaban más bajos que el suelo con lo que se facilitaba el manejo de los troncos a la hora de ponerlos sobre los carros, y llegaban a tener hasta veinte metros de longitud. Se procedía al aserrado de la manera siguiente: Primero se cortaban los troncos en los largos adecuados. Una vez cortados, se acercaban a la galera. La galera estaba pensada, en principio, para tres personas. Una de ellas era el oficial de primera, que era el que disponía la posición del tronco en los carros de arrastre, y una vez el tronco dispuesto se procedía a su arrastre para el aserrado. Era ese operario el que dirigía la madera en la buena dirección, con el fin de que se consiguiera un rendimiento óptimo de la madera una vez serrada, en función de la sección que se le iba a dar. Otros dos operarios le ayudaban en esta labor. Cuando la sierra había terminado su cometido, los operarios separaban la pieza aserrada y retornaban la galera al punto inicial. El salario era diferente para el oficial de primera y para los trabajadores que le ayudaban.
Hay que llamar la atención sobre el hecho de que para evitar pérdidas en el aprovechamiento del tronco, así como para conseguir mayor calidad, había diferentes maneras de presentar el tronco a la sierra, ya que la calidad de las tablas o tablones que se obtienen de cada tronco está en función de la distancia que le separa del corazón del mismo, que favorecerá o neutralizará la tendencia de la madera a alabearse o contraerse. Por ejemplo, un sistema poco recomendable era precisamente el más simple; es decir, el que buscaba obtener las tablas haciendo cortes paralelos de arriba a abajo. La experiencia de los profesionales adoptó otros sistemas de serrado, que llegaron a ser los más utilizados, como el cuarteado y el radial. Con ellos se aprovechaba bien la mayor parte del tronco y se evitaba hacer muchos recortes, eliminaban los desperdicios al máximo y además rompían las líneas de fuerza de las fibras, que serían las responsables de que se deformaran las tablas.
También la experiencia puso en evidencia que había maderas más fáciles de serrar que otras. El fresno, pino, plátano y otras, entre otras, por ejemplo, presentaban mucha menos dificultad que el haya, que a veces por su dureza natural y dependiendo del estado de humedad resultaba muy dificil de trabajar. La carrasca también mostraba mucha resistencia a la sierra, pues es una madera muy dura. Se utilizaba sólo para las guías de sierra y para los diferentes cepillos de carpinteros.
Las primeras máquinas de serrar que hubo en Campo se compraron en Zaragoza, en la firma “La Industrial Mecánica” que pertenecía a Abraín Hermanos. Fueron ellos los que abastecieron a la casi totalidad de las industrias del ramo de la madera en el Pirineo Central. 
Esta casa, fundada en 1922, empezó su andadura inspirándose en maquinaria extranjera que era adaptada a las necesidades locales. Su aceptación en el mercado les permitió desarrollar tecnología propia y fue gracias a su experiencia y profesionalidad como consiguieron introducir mejoras importantes en máquinas conocidas y también crear nuevos modelos. Citemos, entre una de las mejoras más eficaces debidas a su ingenio, el diseño de la vía ángulo para las vías por donde se deslizaban las vagonetas de las sierras, pues hasta que se encontró esta solución el serrín se acumulaba en dichas vías y obstaculizaba el deslizamiento de las vagonetas, originando muchos problemas.
Para abaratar el precio de las máquinas de serrar, “La Industrial Mecánica” les facilitaba los planos de las máquinas a los clientes, así ellos podían construir el esqueleto o armazón de las sierras en madera, y la empresa les servía en metal sólo lo estrictamente necesario. La madera que recomendaban para esas construcciones era siempre la carrasca, por ser la más dura.  En “La Industrial Mecánica” las cintas de las sierras las hacían con flege que importaban de Suecia. Venía en rollos de 200 metros y en la empresa zaragozana le hacían el dentado específico para cada uso.
Lo que también es importante saber, al hablar de las serrerías, es que en España había unas disposiciones que impedían que se establecieran éstas cerca de los montes. Por referirnos a un caso concreto, podemos repasar el expediente de la solicitud que José Canales Fillat hizo en el año 1939 para poder instalar una serrería mecánica en Campo. En el informe que firma el ingeniero del Distrito Forestal encargado del caso, se dice: 
“Que aunque el referido terreno se halla a menos distancia de 5 kilómetros del límite exterior de montes de utilidad pública, se encuentra a mayor de las masas arboladas de los referidos montes”.
Otro aspecto en el que se hace hincapié atañe al control y vigilancia a la que estaban sometidas todas las talas que se efectuaban, lo que se pretende llevar a cabo controlando la madera que llegaba a las serrerías. Así, en este mismo escrito al que estamos haciendo referencia, se dice: 
“Que la vigilancia de las maderas que se elaboren en la serrería se puede ejercer fácilmente por haber un guarda forestal en Campo, y los productos tener que pasar necesariamente por la carretera”.
Y entre las condiciones que imponen las autoridades forestales al expedir el permiso solicitado, figura en primer lugar:
 “1°- No se podrá impedir la entrada e inspección en la referida fábrica al personal de la Guardia Civil y Guardería forestal y personal dependiente de este Distrito forestal, aunque no lleve el mandamiento judicial correspondiente”.


viernes, 29 de septiembre de 2017

Profesión músico




  A todo rítmo 


Fragmento de una foto de grupo de los Blanch

A mediados del siglo XIX, cuando los Blanch se instalaron en Campo, los jóvenes de la familia compaginaban el oficio de cuchareros con sus actuaciones como músicos, como habían venido haciendo en su pueblo natal, Tortellá (Gerona). Era un modo de redondear sus escasos ingresos, actuando en bodas, fiestas y donde los solicitaban. Recordemos que uno de aquellos hermanos Blanch, también cucharero, se instaló en Boltaña y fue el padre del célebre músico, fundador de la Orquesta Sinfónica de Lisboa, don Pedro Blanch.
No tenemos información de cómo se desarrolló la actividad musical en nuestro pueblo a partir de entonces, pero debió ser activa porque en 1919 se fundó una orquestina, que podemos ver en la fotografía que mostramos a continuación. A los únicos miembros de la misma que se ha podido identificar, según nos explica Antonio Castel, son José de Chandemú y Bautista Laforga.
Orquesta de Campo, 1930
A partir de 1930 se creó una orquesta. Era su director Manuel Mazana, y podemos reconocer en la foto, a su lado, a José María Blanch.  
Alrededor de 1940, Antonio Castel en su libro sobre Campo, resalta la figura de D. Manuel Mascaray hijo, que reunía unas cualidades excepcionales para la música, pues dominó varios instrumentos, desde el piano al violín, la trompeta y el acordeón. Compuso varias melodías y formó y dirigió dos orquestinas, la primera de ellas se llamó "OPMAC" (Campo al revés) y la otra "LA MELODIAL JAZ".
Integrantes de la OPMAC, además del propio Manuel Mascaray, fueron Manuel Salinas, Alfonso Mazana, Jesús Prats, Enrique Subías, Juan Mur, Ricardo Mur, Alfredo Santorromán y el maestro Sr. Vila.   


Entre 1947 y 1950 actuó "LA MELODIAL", que además del mencionado Manuel Mascaray,  contó con la colaboración de Manuel Salinas, Antonio Vidaller, Enrique Subías, Juan Mur, José Longán y Joaquín de Pepeta Boyón, entre otros.


También refiere Antonio Castel, que en los años 40 y 50 del pasado siglo, había en Campo dos profesores de música, uno de ellos era el señor Vila, que estuvo varios años enseñando música en general y piano en especial, y el otro fue el maestro profesor señor Emilio, que dedicó su tarea a la preparación de músicos de orquesta.
Antonio Mur también tuvo muchos alumnos, tanto de Campo como de otros pueblos de los alrededores. Con él aprendieron las primeras notas futuros profesionales y simples aficionados, entre los que me cuento. ¡Cuántas notas de solfeo no habré hecho temblar en el comedor de casa Galindro, donde dábamos las clases!
La última orquesta donde han trabajado músicos de Campo, ha sido "La Ribagorza", y el último músico activo Sebastián Longán.

domingo, 10 de enero de 2016

1910



Hace 106 años en Campo…
José Canalejas
En el año 1910 hubo elecciones generales en España, y fue el más votado el Partido Liberal, encabezado para José Canalejas. El sistema electoral era entonces por sufragio universal, lo que quiere decir que votaban todos los censados en el pueblo, salvo las mujeres. En aquél entonces, enero de 1910, había en Campo 205 electores, lo que nos da una idea del número de habitantes que había en el pueblo.
El dinamismo de aquella sociedad se advierte en la diversidad y aumento de profesiones y oficios que se incorporan entre los votantes, no ligadas a la agricultura. Así, además de los 19 cuchareros, hemos encontrado 8 comerciantes, 6 caldereros, 4 carpinteros, 4 carreteros, 4 albañiles, 3 peones camineros, 2 propietarios, 2 herreros, 1 capataz caminero, mesonero, molinero, colchonero, sastre, médico, maestro, empleado, carnicero, alfarero, viajante, sacerdote, secretario y agüacil.
Estas son algunas de las noticias en las que aparece nuestro pueblo: 
"Diario de Huesca" 30 de mazo, 1910: Continúa en la Cárcel sin novedad nuestro querido amigo y fraternal compañero el director de EL DIARIO DE HUESCA.
El Arcediano de la Catedral de Huesca puso una denuncia a un periodista de El Diario de Huesca acusándole de injurias y acabó en la cárcel el director del periódico. Muchos lectores se solidarizaron con él. "Campo. Sintiendo su percance le felicitamos por su entereza en lo que tanto le enaltece y hacemos constar la más viva y ardiente protesta contra don Miguel Supervía por su proceder inicuo y rencoroso, más propio de salvajes que de un ministro de Dios. Sus amigos que le quieren, Paco López, José Serena, Marcelino Lafarga, Joaquín Pallaruelo."
"Diario de Huesca" 3 de mayo, 1910: Fatás
Sello de 1910
"Esta noche han llegado de su excursión por Campo, Benasque y pueblos del distrito, D. Luis Fatás, don Leandro Pérez y D. José Trell. Como había anticipado, el recibimiento dispensado a tan ilustres señores ha sobrepasado el límite de lo que se esperaba. Nada tiene esto de particular si se tiene en cuenta que los electores del distrito de Boltaña tiene en el eximio médico y hombre público todas sus esperanzas, por virtud de la franqueza y sencillez que como buen aragonés le caracteriza.
"Diario de Huesca" 8 de agosto, 1910: Transportes.   
"La Litera Ribagorzana: Servicio diario de automóviles para viajeros de Binéfar A Argoné y viceversa por Tamarite-Benabarre-Graus-Campo. Salida de Binéfar, cuatro y media tarde; de Graus para Argoné, ocho noche; de Campo, diez noche, y de Graus a Binéfar, siete mañana. Llegada a Binéfar, diez y media mañana, a Graus de Binéfar siete tarde; a Graus desde Campo y Argoné, once noche. Campo a Binéfar estación ferrocarril, 8 pesetas. Precio del billete: Argoné a Binéfar y viceversa 8,50 pesetas, y de Binéfar a  Graus y viceversa, 6 pesetas.
"Diario de Huesca" 8 de octubre de 1910: Correspondencia
"Es inexacto el que se trate oficialmente de suprimir desde ahora hasta la época de la primavera el servicio de conducción de la correspondencia pública en automóvil entre Graus y Campo, que dependen de la contrata de Binéfar a Campo, formalizada por la Administración por resultas de la correspondiente previa subasta." 
"Ribagorzano de Graus" 2 de noviembre, 1910: Feria
"Con regular concurrencia se celebraron las ferias de Boltaña y Campo, vendiéndose el ganado vacuno, lanar y cabrio, a precios corrientes, aunque más elevados los de vacuno."
"Gaceta de la Provincia" 2 de noviembre, 1910: Aprovechamiento agua
"Por esta Jefatura de Obras Públicas se anuncia la resolución dada por el Gobierno Civil a una instancia presentada por D. Luciano Labastida, representante de Don Julio Daisson Daisson, en la que solicitaba una prórroga de ocho años para terminar las obras de un aprovechamiento de 13.000 litros de agua por segundo de tiempo derivados del río Esera, del término de Campo".
"Diario de Huesca" 11 de noviembre, 1910: Subasta de Correos
"La Gaceta de Madrid que recibimos hoy, publica el anuncio de subasta para contratar el servicio de transporte de la correspondencia pública a caballo entre la oficina del ramo de Campo a Benasque, bajo el tipo máximo de 2.000 pesetas anuales y demás condiciones del pliego que se halla de manifiesto en la Administración principal de Huesca. El plazo para la admisión de proposiciones terminará el día 14 de diciembre próximo, y la apertura de las que se presenten, tendrá lugar en la Administración de esta capital el día 19 del mismo diciembre a las 11 de la mañana".
"Diario de Huesca" 7 de diciembre, 1910: Meteorología
"En Campo hace cinco días que llueve".
"Diario de Huesca" 18 de diciembre, 1910
Magisterio: Han sido jubilados Doña Antonia Villa Castillón, de Campo, y Don Antonio Javierre Laliena, del mismo punto.


sábado, 10 de mayo de 2014

Aparatos de peluquería

,


Anda y que te ondulen con la permanén
y pa suavizarte que te den col-crém...



Este aparato que vemos en la foto es el que utilizaba  la señora Eduvigis Castel en Campo, para hacer la permanente a sus clientas. Según nos cuenta su hija Magda Blanch, cuando se utilizaba este artefacto había que poner una solución de permanente que si tocaba la piel la quemaba. Y la ropa, por supuesto, también.
Esto nos hace pensar en lo que habíamos leído sobre el alemán  Karl Nessler, a quien se considera el inventor de la permanente. Parece ser que en 1905 ideó un prototipo que probaba ante el público en algunos salones de París, patentando el invento en el año 1906.  Durante estas demostraciones, en dos ocasiones le quemó toda la cabellera a la misma chica que se prestaba al experimento, incluso una de esas veces también le chamuscó una parte del cuero cabelludo. Quizás fuera por eso que acabó casándose con ella, quién sabe si lo hizo porque le daba pena todo lo que la había hecho sufrir o porque admiraba su valor. 
En 1924 el checoslovaco Joseph Mayer creó un aparato diferente,  en el que se enrollaba el pelo del mismo modo que se hace actualmente, lo que permitía trabajar sobre cabellos más cortos. A partir de entonces los avances técnicos se aceleraron y hoy día ya podemos hacernos la permanente en poco tiempo y con seguridad.
En España fue muy importante la labor desarrollada por José Colomer Ametller en el campo de la peluquería. Estuvo trabajando y estudiando el oficio en París desde 1923 a 1933, que fue cuando regresó a su país. Entonces comenzó con la distribución de la importante marca francesa Henry, especializada en el sector. A finales de 1945, después de la 2ª Guerra Mundial, dado el periodo de autarquia que se vivía en la Península y las dificultades con las relaciones comerciales con otros países, José Colomer decidió crear y desarrollar su propia marca de productos de peluquería, así como academias de peluquería para formación del personal, y que fue donde consiguieron sus títulos casi todas  las primeras profesionales de Campo.


(El aparato es propiedad de Magda Blanch, que amablemente nos ha autorizado a hacer las fotos y a publicarlas) 


jueves, 10 de abril de 2014

Profesión: peluqueras


María Antonieta

Los PEINADOS, obras de arte efímeras




La mayoría de las mujeres se ayudaban las unas a las otras para arreglarse el cabello, cuando ellas solas no podían hacerlo, sin embargo, como puede imaginarse, las damas de clase social elevada tenían sus propias peinadoras que les iban a peinar prácticamente todos los días. 
Estamos familiarizados con películas de la Antigua Grecia, de romanos o de la Edad Media, donde hemos visto cómo a las reinas y favoritas las peinaban con primor sus esclavas y domésticas. Si pensamos en el Antiguo Egipto, por ejemplo, nos viene a la cabeza la adornada melenita de Cleopatra, y se puede adivinar el trabajo que había detrás de ese peinado aparentemente sencillo, y que desde luego ella misma no se hacía.
Goya. Caprichos.
Dando un salto a la corte francesa de Luis XIV, sabemos que a partir de entonces empiezan a cobrar notoriedad los peluqueros de palacio, que derrochaban ingenio y audacia para adornar y "decorar" unas pelucas fantásticas que luego lucían las damas en bailes y recepciones. Y para poner una imagen a estos recuerdos, podemos pensar en María Antonieta, reina de Francia y esposa de Luis XV, a quien despojaron de peluca y de cabeza en la Revolución Francesa.
De hecho, no era ninguna novedad el que los hombres cuidaran de los cabellos de las damas. Debía ser relativamente frecuente porque, ya en el año 1605, el Concilio de Trento había prohibido que los varones se ocuparan de arreglar directamente las cabezas de las féminas. Y es que, aunque normalmente eran las peinadoras las que acudían a los domicilios para "arreglar" a las señoras, cuando la ocasión lo requería, ellas preferían ponerse en manos del peluquero de moda.     
La época en la que las mujeres decidieron que podían dedicarse a esta profesión y abrir sus propios salones de peluquería, ya fueran de lujo  u otros más modestos, fue en el periodo comprendido entre las dos guerras, entre los años 20 y 40. Desde luego, para dedicarse a peinar y cortar el pelo a las demás, no se necesitaba ningún papel ni certificación, simplemente la voluntad de hacerlo y un poco de destreza.
Pero las cosas cambian, y lo que antes era solo peinar pasó a complicarse un poco más, pues se empezaron a utilizar tintes especiales, y se hacían permanentes en caliente, y para eso se necesitaban algunos conocimientos. Los moños habían pasado a mejor vida y las mujeres querían cabellos vaporosos y ondulados. De esta guisa se expresaba un peluquero de Huesca en los años 60: 
"- Nunca debemos olvidar; que el arte del peinado debe de estar basado, cimentado en una buena permanente.
- ¿Qué.opina, pues, de la mujer que peina sin permanente?
- Permítame esta expresión: edifican sobre arena. Yo no me atrevo, y creo que soy avanzado en mis deberes profesionales, hacer obra en un cabello liso. Más aún: ni debe ni puede hacerse. Hay cabellos rebeldes, y son muchos, que exigen, para ser trabajados con un determinado fin, una permanente -o bien, un "gouflage". Quiero decir: doblarlo para que nadie adivine que son permanentes, y de esta forma manifestaremos un rizo natural propio de un cabello agradecido".
La nueva normativa para los trabajadores del sector de peluquería de señoras, llegó el año 1963: 
Leemos en la "Nueva España" del 19 de Septiembre de 1963, la siguiente nota:
"El tema es de palpitante actualidad y de marcado interés, se diría que afecta a la provincia más que a la capital. Consideramos esta información como llamada de atención a quienes pueda afectar directa o indirectamente.
Creemos que hasta ahora se vivía demasiado alegremente en cuanto se refiere al monetaje de peluquerías de señoras, a la preparación de quienes están al frente de ellas y a la propia dependencia. Desde ahora, por disposición del Ministerio de Trabajo y recentísimas circulares y normativas del Sindicato Nacional de Actividades Diversas, ha quedado todo canalizado perfectamente. Con esta  delimitación nadie podrá ignorar o evadirse de su cumplimiento.
Hace unos días se celebró en Madrid Junta Plenaria de la Agrupación Nacional Sindical de Peluqueros de Señoras, y asistió  el Presidente de la Agrupación de Huesca.  El orden del día de aquella reunión era extenso y eminentemente sustancial. Fueron dos jornadas apretadas de  trabajo, temas, debates,  comentarios y aclaraciones de dudas.
Es de imperiosa necesidad hacer llegar a todos cuantos interesa que no se puede obrar ligeramente, y que las peluquerías de señoras han de estar debidamente legalizadas, hasta el punto de que todo profesional debe estar en  posesión de un documento acreditativo de su capacidad, que será otorgado mediante el correspondiente examen ante los Tribunales de Calificación Profesional creados por el  Sindicato. 
En cada Provincia quedarán constituidos estos Tribunales indefectiblemente y su misión será realizar los exámenes previstos en las fechas que el Presidente del Sindicato determine, en atención al número de peticiones hechas en el organismo.
En cualquier localidad puede haber una peluquería de señoras; pero ¿tiene la autorización del Municipio respectivo, paga su licencia fiscal, está bien "instalada", quien o quienes están al frente del establecimiento tienen cornpetencia profesional? En todo caso, deberán las industrias establecidas regularizar su situación ante el Sindicato,  aportando los documentos precisos para la obtención del «Carnet de Empresa Responsable».
Los establecidos con posterioridad al 2 de abril pasado, no les será permitido el ejercicio de la actividad, sin haber justificado su capacidad ante el Tribunal, o figurar al frente de la peluquería un oficial mayor. Con mayor razón, si cabe, se advierte esto a quienes tienen el propósito de establecerse.
La orden del Ministerio de Trabajo del 2 de abril de 1963 y las normas sindicales referidas, son ciertamente beneficiosas, para las empresas, dependencia y sobre todo para la clientela.
Podemos estar completamente satisfechos de la labor últimamente realizada, puesto que en definitiva viene a dignificar la profesión".
En Campo trabajaron como peluqueras, antes de la guerra: en "casa Cambra", Irene Canales. En "casa de Pep de Juan", trabajó Magdalena. Marina Puertas, de "casa l´Estanco" tenía la peluquería allí al lado de donde estaba el bar. También tenemos noticias de  una chica de Estadilla que trabajó en "casa Chandoz".
En "casa José", Sebastián Blanch trabajaba como peluquero y barbero, y su hermana atendía a las mujeres. Después, la esposa de Sebastían, Eduviges, empezó a trabajar con ella y cuando se quedó al frente del negocio, bajó un tiempo a Barcelona para aprender  mejor el oficio. Más tarde, su hija Magda fue a una Academia en Tarragona y allí aprendió de peluquera y trabajó en una peluquería durante un par de años. En Barcelona consiguió el certificado de Henry Colomer y allá por el año 1962 ya se quedó en Campo para trabajar con su madre.
También trabajaron como peluqueras las hermanas Parramón, que tenían la peluquería en "casa de Perico Aventín", donde vivían.
Pili Ballarín de "casa Plaza", se instaló como peluquera en Campo el año 1964 y fue la primera que tuvo el título exigido. Había aprendido en Barcelona y le convalidaron sus estudios en Huesca. Su padre, el Sr. Luis, también había sido peluquero.
Nieves Subías y Pili Satué, casadas con chicos de Campo, también han ejercido esta profesión, y Pili Satué la ejerce todavía. 
Todas ellas han desarrollado su trabajo en nuestro pueblo y han sabido combinar su profesión con el cuidado del hogar. Han sido unas mujeres modernas que viviendo en un área rural, se han sabido ganar la vida. Como han hecho otras vecinas suyas, que han ayudado a sacar adelante las economías familiares, bien trabajando como modistas, estado al frente de un comercio, de un bar, etc.  

PETICIÓN: Si nos hemos olvidado de alguien o hemos equivocado algún nombre, por favor, comunicárnoslo. ¡GRACIAS!



sábado, 29 de marzo de 2014

Oficios y profesiones: los barberos


¡Por los pelos!

El Cirujano. Jan Sanders Hemessen
Sabido es que, antiguamente, los barberos eran también los encargados de aplicar lo que se conoce como pequeña cirugía: aplicaban sanguijuelas, extraían muelas y dispensaban otros servicios para aliviar algunas enfermedades.
Los cirujanos se dedicaban a las actividades manuales, como curar heridas, hacer sangrías, poner ventosas, etc. En algunas épocas y lugares estos servicios los prestaba la misma persona, que casi siempre se hacía llamar cirujano (pues tenía más reconocimiento profesional), hasta que con el tiempo se fueron definiendo las dos actividades como profesiones diferentes. De todos modos, la categoría profesional del cirujano era inferior a la de médico. En muchas ocasiones, tanto los barberos como los cirujanos ejercían su oficio de forma itinerante y montados en una mula o un asno, recorrían pueblos y aldeas para prestar sus servicios. 
Henry William Bunbury
Un contrato entre  el Concejo de la villa de Bielsa y unos barberos-cirujanos, nos ayudará a comprender mejor esta profesión. El contrato al que nos referimos tenía una duración de tres años, fijándose el comienzo del servicio a partir del día de San Miguel del mes de septiembre del año 1645, hasta el mismo día del año 1648.
En los pactos que firmaron las partes interesadas, se preveía casi todo: lo que se les iba a pagar, lo que podían pedir por servicios especiales, a lo que se comprometían... Entre otras cosas, se exigía a los cirujanos que residieran en la villa, llevando con ellos todo lo necesario para el ejercicio de su profesión y se les impedía ausentarse de Bielsa los dos al mismo tiempo. Otras de sus obligaciones eran:
“Que los dichos cirujanos sean obligados y se obligan viceversa de acudir a sangrar, afeitar y demás obligaciones que tuvieren de su arte, sin remitirse del uno al otro, sin excusarse que no tiene lugar y si acaso cargaren a una parte más que a otro, el otro tenga obligación de ir a ayudarle aliándose, y que tenga obligación de afeitar en las casas de los sacerdotes y oficiales y otras personas, so pena de un escudo por cada vez que faltaren a sus obligaciones...” .
Solo hace falta ojear la prensa aragonesa del siglo XIX para darnos cuenta de la importancia de esta profesión, que no podía faltar en ningún pueblo, para lo que se publicaban anuncios con el fin de cubrir vacantes. Por poner algún ejemplo, veamos algunos aparecidos en el Diario de Huesca:
Miniaturas de utensilios barbería, madera. José Sesé
En 1885 y 1886 se ofrecen plazas de barbero-cirujano en Almudévar y en Ibieca. El 2 de septiembre de 1890 se ofrece puesto de barbero cirujano en la Puebla de Castro, con la remuneración de 500 pesetas anuales, más 5 cahíces de trigo "y otras garantías que podrá utilizar el agraciado"...
El  1 de septiembre de 1925, en Nocito, ofrecen plaza de practicante barbero a cambio de 25 a 30 cahíces de trigo, 55 arrobas de patatas, 7 fanegas de judías, casa franca y una carga de leña por vecino.
En Campo no hemos encontrado el oficio de barbero en ningún listado de vecinos o censo electoral de principios del siglo XX, no obstante, en el "Anuario-Riera General y Exclusivo de España", de 1904, 1905 y 1908 se mencionan en el apartado BARBERÍAS a: Sebastián Blanch y Miguel Sesé.También ejercieron esa profesión,  José de Mur Vallverdú, Juan Brunet Campo, que dió nombre a casa "el Barbero" y Luis Ballarín Costa, que trabajaba en su casa de la Plaza Mayor. Cañete tuvo su lugar de trabajo en casa l'Estanco, actual casa Prats, y su cuñado Sebastián Linares, que había venido de Andalucía, estuvo durante varios años en el local que después ocupó José Sesé Villegas.  
  

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viernes, 12 de julio de 2013

Comerciantes: los vinateros



La bebida que no podía faltar




Un comercio que alcanzó mucha importancia en nuestro pueblo, fue el del vino. Los vinateros de Campo llevaban sus productos a muchos pueblos del Pirineo, atendiendo, especialmente, a los clientes de los valles de Benasque y Gistau.
Según refiere Antonio Castel, el vino que llegaba a Campo en bocoyes lo pasaban a unas tinas muy grandes de madera, de donde lo extraían con decálitros de hojalata y los ponían en boticos de 50 litros para transportarlo a los pueblos en burros o machos.
Había un Consorcio del que formaban parte todos los vinateros del pueblo, tanto los que lo hacían al por mayor como al detall. Para poder vender, todos los comerciantes tenían que pagar anualmente una determinada cantidad de dinero al Consorcio. El cargo de recaudador de este impuesto salía a subasta pública, y su función era la de cobrar lo estipulado a los vinateros para pagarle después al Ayuntamiento la cantidad convenida. Si algún vendedor no quería pagar,
se le precintaban los bocoyes.
Un vinatero importante fue el Señor Víctor Sancha. Era un gran mayorista que se hacía subir el vino del Somontano y lo vendía en todo el Pirineo. Tenía un almacén en lo que hoy es “casa Vitor” y su hijo continuó con el negocio, abriendo otro almacén en Castejón de Sos, desde donde podía atender mejor a los pueblos de la montaña.
Antonio Castel nos cuenta también que, a principios de siglo XX, Mariano Canales fue uno de los principales comerciantes del pueblo. Además de la sal y el vino, que eran los dos artículos imprescindibles en aquél entonces, vendía aceite, sardinas, vinagre y piensos para los cerdos, etc. Tenía su almacén en “casa Cambra”. Se proveía de sal en Naval y Salinas de Trillo, dos localidades de la provincia de Huesca. 
Sobre el abastecimiento del vino, el sr. Antonio Ballarín le dió la siguiente información a Antonio Castel:
Los carreteros salían de Campo con sus carros siempre en parejas, eran viajes largos y podían necesitarse unos a otros. El punto más distante era Cariñena, en la provincia de Zaragoza. El vino del “campo de Cariñena” era de alto grado y calidad, muy bueno para encubar y consumo estacional.
Además de Cariñena subían vino de Bespén, en la provincia de Huesca, también de fama.
El vino de Salas en el Somontano era vino muy apreciado. De Secastilla, pueblo cercano a Graus, subían la Garnacha. El Macabeo procedía del Pueyo de Barbastro, monasterio benedictino en aquellos tiempos. Todos estos vinos eran muy buenos, pero, cada cliente tenía sus preferencias”. 

(Fuente: Antonio Castel Ballarín. Oleo: "El Almuerzo" de Diego Velázquez)  

martes, 7 de mayo de 2013

Profesión: comadrona


Un trabajo de responsabilidad




Al referir los trabajos que realizaban las mujeres de Campo, además de los habituales de llevar la casa y cuidar de la familia (que solía incluir marido, hijos, abuelos y algún otro familiar), pocas veces las mencionamos en la categoría de "profesiones" u "oficios". Y el motivo es bien claro: aunque llevaran a cabo otras actividades,  aparte de la casa, no eran retribuidas por ello. No obstante, estaba dentro de lo habitual  ayudar al marido en las faenas del campo, con los animales o en el oficio que él desempeñara, por lo que contribuían activamente en la economía familiar. De todos modos, en algunas ocasiones prestaban a la comunidad algunos servicios que eran indispensables, como es el caso que nos ocupa ahora, el de las comadronas. 
Recordemos que el oficio de comadrona es uno de los más antiguos que existen, pues generalmente en todas las comunidades primitivas ha habido siempre alguien, con algunos conocimientos reconocidos  (sobre todo adquiridos por la experiencia), que era capaz de ayudar a las  parturientas. Como traer, y ayudar a traer al mundo una criatura, se ha considerado siempre o hasta hace poco cosa de mujeres, éste ha sido un terreno en el que la mujer ha podido, a lo largo del tiempo, alcanzar y afianzar una categoría profesional.  Esos conocimientos de los que hemos hablado, se solían adquirir a través del aprendizaje al lado de alguien que los tuviera, transmitiéndose muchas veces de madres a hijas. De hecho, hasta principios del siglo XX no se produjeron los primeros pasos para hacer oficial en España los estudios de comadrona. Y hasta el año 1928 no se dictó una orden por la que, a partir del curso 1928-1929 se declaraba obligatorio el bachillerato elemental, para todas las aprendices de comadrona.
Transcribimos a continuación lo que Antonio Castel nos explica en uno de sus libros sobre Campo:
"La Comadrona.- Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que la mayoría de las personas de Campo fueron ayudadas a venir a este mundo por los buenos oficios y la práctica de la señora María de "casa de Malo". Ella era la comadrona del pueblo. Cuando una mujer iba de parto se ralizaban dos cosas: ir a casa de Roy a buscar las reliquias y avisar a la señora María de "Malo" para que acudiera a la casa. Podemos determinar las fechas de su actuación entre 1.925 hasta el 1950.
La señora María cobraba unos exiguos honorarios".
Entonces, el médico de Campo, que hasta entonces acudía solamente a los partos difíciles, se hizo cargo de esta esta tarea, pero no por mucho tiempo, pues después ya se desplazaban las parturientas a Huesca. Desde que se creó el Hospital de Barbastro hace más de 25 años, los niños de Campo nacen allí.



sábado, 23 de febrero de 2013

Oficio: Los molineros (1)

Agua pasada,
no mueve molino.


El oficio de molinero se transmitía casi siempre de padres a hijos, por eso se encuentran dentro de esta profesión verdaderas sagas familiares. También ocurría, como con otras profesiones, que se realizaban muchos matrimonios entre gente del oficio (la hija de un molinero con el molinero de otro lugar, etc.).
El molinero no era prácticamente nunca el propietario del molino, que, hasta el siglo XIX, solía pertenecer al señor temporal o al cabildo.
Los molineros eran gente de oficio que explotaban los molinos en base a un contrato de arrendamiento, en el que se estipulaban sus obligaciones y la cantidad que se le permitía cobrar por su trabajo, siempre en especie. El pago por moler recibía el nombre de “multuración”. El molinero cogía la parte que le correspondía antes de la molienda y en presencia del labrador que le traía el grano a moler. No obstante, el hecho de que cobrara ipso facto y que pasara el cereal del campesino al molinero tan rápida y, digamos, directamente, dejaba un sentimiento de frustración en los clientes, que se solían mostrar recelosos sobre la honradez del molinero, del que suponían que usaba estratagemas para quedarse con una parte de la molienda que no le correspondía.
Suspicacias aparte, el trabajo que llevaba a cabo el molinero era bastante duro, pues generalmente no podía permitirse tener personal a su servicio (a veces contaba con un criado o se ayudaba de un aprendiz) y tenía que atender él sólo la molienda. Además, debía mantener en buenas condiciones el molino, limpiar la acequia que conducía el agua, etc. También solía tener un poco de tierra alrededor del molino, en la que tenía algunos animales que criaba para su consumo. Hay que señalar, de todos modos, que sólo tenía derecho a tener algunas gallinas y poco más y, si quería tener otros animales, tenía que pedir un permiso especial al arrendador.
No obstante, a pesar de todo lo que tenía que trabajar, el oficio de molinero confería cierto status social en el mundo rural, como ocurría con otros trabajos artesanos. Vale la pena subrayar el hecho de que la mayoría de los molineros eran casi siempre personas alfabetizadas, por lo que tenían una preparación muchas veces superior a sus paisanos. Otro factor que obraba en su favor era que, por las circunstancias de su trabajo, los molineros estaban en relación con todos sus convecinos, fuera la que fuera su condición social, lo que les permitía tener una información de primera mano sobre todo lo que acontecía en el pueblo y alrededores. Conocían a todo el mundo y no faltaban ocasiones en las que se les solicitara para mediar en asuntos de familia o problemas de vecindad. Como consecuencia de ello, estaban enterados de las transacciones de todo tipo que se estaban llevando a cabo y las que se iban a hacer.
El molino de Campo perteneció al monasterio de San Viturián, cuyo abad era el señor temporal del pueblo, por lo tanto, su dueño. En todos los documentos en que se nombran los pueblos propiedad del monasterio, nunca se deja de mencionar el molino de Campo.
Entre la escasa información que hemos encontrado sobre los molineros de nuestro pueblo, aparece en un documento la siguiente referencia: “Josef Canales, arrendador que fue del molino harinero cuyo arriendo finó en fin de 12 de enero de 1788, debe 90 libras jaquesas, impracticables poder satisfacerlas por los perjuicios que le ha ocasionado una avenida del río Esera en el mes de octubre y por la reedificación de dicho molino...”.
Ya en el siglo XIX, resulta curioso ver con que celeridad se aplicaron en Campo los decretos de Mendizábal sobre la desamortización de bienes religiosos, promulgados los meses de julio y octubre de 1835, pues ya el 23 de diciembre de ese mismo año se efectuó en nuestro pueblo la compra del molino que había poseído el monasterio. Lo adquirió el Ayuntamiento constituido por José Guerri, como alcalde, Antonio Sierra, Ramón Pons, regidores y Joaquín Costa, Síndico.
Más adelante, en 1837, con un nuevo Ayuntamiento Constitucional, compuesto por Miguel Altemir, en función de alcalde, Joaquín Peiret, como regidor segundo, y Ramón Zazurca como síndico, se procedió a la enajenación del molino. Para ello, se procedió primero a la tasación del molino y su acequia, tarea que fué encomendada a los labradores Lorenzo Ballarín y Francisco Mur. Para pronunciarse sobre el maderaje, se requirió el parecer de Joaquín Mur, carpintero. Joaquín Auset, como molinero, hizo también su dictamen, así como Joaquín y José Pallaruelo, que eran herreros. Y es aquí donde aparece por primera vez Joaquín Auset, de cuya familia hablaremos en un próximo comentario.
Pascual Madoz, en su “Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de 1845-50”, menciona el molino de Campo y una serrería “de cortar madera”, aneja al molino. También se instaló una turbina que produjo energía eléctrica para satisfacer las necesidades básicas de luz en el pueblo.
En el listado de las fincas rústicas y urbanas de todos los pueblos del Partido Judicial de Boltaña del año 1860, se señalaba que en Campo, que contaba entonces con 718 habitantes, estaba el molino harinero de Pedro Aventín.
A principios del siglo XX la Compañía de Fluído Eléctrico de Barcelona adquirió el molino, pero lo cerró. Posteriormente se quemó y construyeron otro nuevo más moderno, que estaba ubicado en otro lugar cerca de la carretera, que se conocía como el “molino nuevo”. El nuevo molino funcionaba ya con fuerza eléctrica. Estaba administrado por el Ayuntamiento que lo ofrecía en alquiler mediante subasta. También se construyó una serrería. En el censo electoral del año 1910 encontramos a Maximiliano Montoliu, de 36 años, de profesión molinero y que habitaba en el molino. Se trata ya del molino nuevo. (Curiosamente, en el censo electoral de 1900 de Serraduy, hemos encontrado a otra persona con este apellido, Justo Montoliu Puntarrón, de 45 años, que también era molinero).
Desde 1926 a 1936 el molino lo tuvo alquilado Daniel Fuster Canales. Del 1 de enero de 1936 al 18 de julio del mismo año, lo tenía en arriendo Joaquín de Mur. Durante la guerra, hubo un periodo en el que fue colectivizado. Después de la guerra lo llevó Sebastián Longán y, posteriormente, el señor Simón, de Murillo.
Sobre el funcionamiento del molino: el molino trituraba mediante el roce equilibrado de sus dos piedras, llamadas "muelas". Para avivar la rugosidad de la superficie de dichas muelas, el molinero tenía que "picarlas", lo que llevaba a cabo con dos clases de herramientas: el moliente y los peches. El primero es el que hacía las rayas de la piedra, disponiendo de una hoja de 12 centímetros de ancho, de acero especial. Para afilarlo no podía meterse en la fragua, había que hacerlo con afiladora de piedra y agua, a mano. La piqueta pesaba unos dos kilos y dejaba la piedra toda igualada; si la muela estaba recién picada, la harina salía demasiado fina, como si estuviera requemada, en este caso había que subir la muela, acción que recibía el nombre de "aliviar". La acción contraria, bajarla, se llamaba "aterrar". La piedra de arriba tenía movilidad, la de abajo estaba fija.
Entre las piedras usadas en el molino viejo y las del nuevo, había una gran diferencia. En el molino viejo eran de piedra natural, graníticas, muy resistentes. En el nuevo edificio se usaban piedras hechas de un conglomerado artificial muy duro y llevaban un arco para protegerlas.
(Fotos gentileza de Antonio Castel: nº 1, Molino Viejo. Nº 2 y nº 3: ruedas del Molino Viejo. Nº  5, ruedas del Molino Nuevo. Foto nº 4, "Campo de trigo" de Vincent Van Gogh. La información sobre el funcionamiento del molino está tomada del libro "Campo" de Antonio Castel).