miércoles, 8 de abril de 2026
sábado, 28 de marzo de 2026
Escuchar no engorda
Madame Venturini y el marido
¡Qué cosas más raras me
pasan! En casa me dicen que yo me las busco, porque me lío mucho con la gente,
pero, no sé, yo creo que no siempre es culpa mía…
Hoy es 14 de enero, tenemos
6º de temperatura, el sol hace intentos de abrirse paso en un cielo bastante
plomizo, son las 12 de la mañana y estoy en Bruselas. Hasta aquí nada extraño.
Y, sin embargo… Hace apenas
quince minutos estaba en el piso de una mujer, a la que no he podido frenar
hasta que ya me había contado media parte de su vida. Si se piensa que hace
apenas tres meses que la conozco; que es mi dietista; que llegué a la consulta
que ella atendía, en un elegante centro médico de la capital, recomendada por
una amiga y que cuando la conocí no se me pasó por la cabeza intercambiar con
ella mas que listas de calorías, pues hay que reconocer que el tema se me ha
ido un poco de las manos.
Este caso de la dietista,
tampoco es que merezca demasiada atención por sí mismo, es uno más que me viene
a confirmar lo desesperadamente solos que estamos los humanos en general, y
muchas mujeres de mi edad en particular. Es curioso, de todos modos, o al menos
a mi me ha sorprendido mucho, el que una mujer como Madame Venturini, que se ve tan de “rompe y rasga”, esté
tan traumatizada por el asunto del marido.
Mi primera visita con Madame
Lecoq, que así se llamaba por entonces mi controladora de peso oficial, fue normal (¡Cielos! ¡Cuando pienso que hoy era sólo la tercera vez que nos veíamos!). Me pesó; me
preguntó lo que engullía; me dijo lo que tenía que comer, etc. y me dio hora para
otro día, advirtiéndome que, a partir de finales de diciembre, dejaría de trabajar
en ese centro y recibiría las consultas en su casa. De acuerdo, le dije.
Volví a verla a mitad de
diciembre y, después de la consulta, me explicó cuál era el mejor camino para
llegar a su domicilio, la próxima vez que me visitara, puesto que vivía en un centro residencial,
un poco apartado. Vamos, en la periferia. Hoy he ido a su domicilio y me ha tenido
en la consulta 45 minutos, hablando de todo lo habido y por haber, sin ninguna
prisa porque no había ningún paciente detrás de mi… Y después, me ha preguntado
si quería ver la vista que se veía desde su salón, y me ha ofrecido un café que
he rechazado tres o cuatro veces pero, al final, tanto y tanto ha insistido que
he tenido que aceptar.
Ella necesitaba invitarme al
café para tenerme sentada e inmovilizada allí, mientras me contaba todo lo que
tenía almacenado, no sé si en su cabeza o en su corazón. La cosa ha empezado
inocentemente:
- Verá que en la tarjeta que
le he dado no aparece el apellido Lecoq, que es con el que Vd. me conoce. Ahora
encontrará Venturini - me ha dicho.
- Un apellido muy alegre - le
he dicho, por decir algo.
- Sí, ya sabe, proviene de ventura, que en italiano significa fortuna, suerte… Mi familia es de origen italiano. Si, un apellido bonito (agregó melancólica). No se puede decir lo mismo del apellido de mi marido, bueno, exmarido, “Lecoq”… (añadió con tono despectivo) y que tuve que utilizar yo, mientras estuve casada con él.
- No crea (me atreví a añadir) ¡los hay peores! Al fin y al cabo “el gallo” no suena mal, peor lo tienen los que se llaman “Borrego”, “Verdugo”, etc. Esos sí que son apellidos difíciles de llevar, y, de hecho, es una razón para poder cambiarse el apellido.
- Llevar el apellido Lecoq
para una dietista no es lo ideal - volvió a lamentarse ella - pero,
efectivamente, podría haber sido peor…
Ya que el tema
de los apellidos languidecía, quise aprovechar para decirle que me encantaba su estupendo salón, y la vista que se disfrutaba desde sus ventanales. Pero la Venturini no mordió
el anzuelo y volvió a lo suyo. Cuando le dije:
- Tiene una ubicación
increíble esta casa, y debe ser una maravilla poder contemplar desde su sillón
todo ese bosque, y ver cómo lo cambia y lo
transforma la primavera, el otoño, la lluvia…
Pero ella fue directamente a
lo que le preocupaba:
- No crea, cuando una tiene
problemas no tiene ganas ni de mirar por la ventana. Con lo que me ha pasado
con mi marido, a mi ya no me interesa el mundo exterior.
La cosa se ponía delicada y
yo ya no podía continuar haciéndome la despistada y emitir en otra onda, tenía
que preguntar algo sobre su exmarido, porque es de lo que ella quería hablar.
Opté por la indirecta:
- ¿Le ha ocurrido alguna
desgracia a su marido?
- No, para nada. A él no le
ha ocurrido ninguna desgracia, está feliz. La desgracia me ha llegado a mi - me
miró con atención, para calibrar si podía abordar ya el asunto y continuó- hace
unos meses que me ha dejado y se ha ido a vivir con una mujer veinte años más
joven que él.
- Eso está de moda - le dije
intentando desdramatizar.
- Sí, está de moda. Pero no
es un asunto que se pueda tomar con frivolidad. Detrás de una decisión así, hay
muchos dramas personales, muchos problemas familiares. Una decisión así, insistió, tiene
muchas consecuencias - concluyó la Venturini.
- Sí, tiene razón - asentí -
Pero, ¿qué se puede hacer? Muchas parejas viven esta experiencia. Llega un día
en el que el marido, o la mujer, más bien el marido si son de nuestra
generación, decide que tiene que vivir la vida y que no quiere continuar
mirando el mundo desde su casa. Quieren aprovechar el tiempo “útil” que les
queda para hacer cosas que no han hecho nunca. Necesita engañarse a sí mismo
con el presente, para no pensar en el futuro. Pero, claro, no se dan cuenta del
daño que hacen… o no les importa.
- A mi, me ha destrozado este final - admitió la dietista - no lo puedo aceptar, no lo puedo asumir. Toda la vida trabajando, pensando en
estos años en que podríamos disfrutar juntos de una situación económica buena,
de unos hijos que se han situado bien… No lo entiendo. Ahora todo se ha ido al
agua.
- No diga eso - intenté
argumentar - A los hijos aún los tiene, ese cariño nadie se lo arrebatará. Y si
puede permitirse una vida confortable, eso también es importante. Hay que
procurar disfrutar de lo que tenemos.
- Los hijos… (añadió la
Venturini) Sí que me querrán siempre… Seguro que me encontrarán a faltar el día
que me muera. Ellos saben todo lo que he hecho por ellos, no pueden ser tan desagradecidos
que ignoren que les he dedicado mi vida. Pero ellos no quieren problemas. Seguramente
hacen bien. Yo pensaba que reaccionarían contra su padre, que le harían ver la
locura que ha hecho, pero no. Al principio estaban muy indignados, pero ahora
ya han conocido a la chica, la encuentran muy amable. Van a su casa a
visitarlos de tanto en tanto, y me dicen que tengo que ser razonable y aceptar
los hechos.
- Quizás sea esa la actitud
más inteligente –le dije- la que Vd. debe adoptar. Creo que es un proverbio
chino, el que dice que las personas tenemos que aprender a ser como el bambú, a
ser flexibles y saber doblarnos cuando es necesario. El bambú cuando azota el
viento no se resiste, se dobla todo lo que hace falta y eso le permite aguantar
hasta la embestida de los huracanes.
Otros troncos que se mantienen erguidos, que oponen resistencia, acaban rotos
por cualquier ráfaga de viento… Bueno, algo así era el mensaje.
- No se trata de doblarse o no doblarse - replicó meditando sus palabras.
- No soy orgullosa, sé ceder - continuó. - Pero
¿cómo puede mirarme a los ojos un sujeto semejante ¿Cómo se puede hablar con
una persona que miente? Nos conocimos en el colegio, cuando éramos unos niños.
Desde entonces hemos estado siempre juntos. Yo saqué mi carrera y he trabajado
mucho. Me he hecho una buena clientela, un nombre. A él le costó más encontrar
su camino: siempre ha sido un poco bohemio. Trabajaba por su cuenta, comerciaba
con anticuarios: porque lo suyo, decía, era el mundo del arte. Pero la familia
la tenía que sacar adelante yo. Hemos tenido tres hijos, todos tienen su
carrera, les va bien en la vida.
- Ya sabe Vd. que hace apenas un mes que me he jubilado. - Continuó la Venturini. -Estábamos preparados para este momento, lo esperábamos llenos de proyectos. Compramos este apartamento que nos gustó mucho, con este bosque al lado, para pasear. Nos arreglamos una casita en las Ardenas, cerca del pueblo de donde era originaria su familia. La casa se la ha quedado él, yo no quiero volver allí. Ahora me encuentro sola en este piso, cerca del bosque, sí, pero… ¿Qué tengo qué hacer?¿Pasearme sola todo el día?
Y la mujer, cada vez más
alborotada, continuaba:
- ¿Como ha podido pasar todo
tan rápido? Dice él que esa relación empezó este mismo año. Quizás es así, pero
igual es mentira. Sólo sé que los últimos meses me dejaba hablar de mi
jubilación, y de los viajes que haríamos los dos, de la familia que
visitaríamos, etc. pero él no intervenía para nada. El permanecía callado,
porque ya sabía que no estaría conmigo, que eran mis planes, pero no los suyos.
Hasta el día que me dejó una carta sobre el teclado del ordenador, y desde
entonces, ya no he vuelto a verlo. Hace ya tres meses. Han pasado las
Navidades, pero ni una palabra de su boca. Sólo se lo que mis hijos me cuentan,
y me cuentan lo que quieren.
Y después de unos minutos de
silencio, Madame Venturini retomó el discurso:
- Lo único que me importa, es saber si esto es para siempre, o si será sólo una aventura que acabará al cabo de unos meses. Yo estoy sola, sin trabajo, sin marido… ¿Qué se supone que tengo que hacer? Estoy muy perdida, no es esto lo que había imaginado en esta etapa de la vida. Es un vacío completo. ¿Cómo voy a rehacer mi vida a estas alturas?
Procuré lanzarle algún mensaje positivo:
- Madame Venturini, es
verdad que ahora está Vd. sola. Todos estamos solos, aunque a veces tengamos al
marido o a la mujer al lado. En
realidad, Vd. ya se dio cuenta de que estaba sola antes de que él se fuera con
ella. Lo tenía a su lado, pero él no estaba con Vd. Así las cosas, es mejor
afrontar las situaciones que se van presentando tal y como vienen, sin querer
ignorarlas ni disfrazarlas. Gracias a su trabajo, Vd. no necesita pedirle nada
a nadie, no se ve obligada a pedir pensión alimenticia miserable y no tiene que
justificar ninguna decisión ni ante sus hijos ni ante nadie, porque es dueña de su
vida.
Procuré rematar el discurso,
porque yo misma me daba cuenta que estaba soltando muchas obviedades:
- Que el marido se ha
marchado con otra, pues sí, es decepcionante, pero es lo que hay, no hay que darle
vueltas al asunto. Procure vivir feliz, no con la preocupación de tener que
encontrar nuevos amigos o amigas, que los encontrará sin proponérselo, haciendo
las actividades que
le gustan más…
La dietista me miraba
atentamente, y yo pensaba que me estaba reprochando para sus adentros, que le dijera
cosas tan sabidas y repetidas, pero, de repente, me dijo:
- Gracias por haberme
escuchado. Gracias por haber aceptado quedarse un rato conmigo, esta mañana estaba
muy desesperada. Me ha hecho mucho bien hablar con Vd.
- Soy yo la que tengo que
darle las gracias por la confianza que me ha demostrado -le comenté. - Ahora
tengo que marcharme corriendo, porque tengo una reunión a las 12. Procuraré ser
buenísima y comer solo sopa durante los próximos quince días, a ver si adelgazó
muchísimo y le doy a Vd. una alegría, cuando vuelva para la próxima visita.
- Ya me la ha dado ahora.
¡Gracias!
Me dio un abrazo y yo ¡feliz! Se puede ayudar a los demás solo escuchando... y es de las pocas cosas que no engordan.
viernes, 20 de marzo de 2026
LAMORA
MI ABUELA MATERNA: CONSTANTINA LAMORA LAMORA
(7).- CONSTANTINA LAMORA LAMORA nació en Chía el 16 de febrero de 1893. Era hija de RAMÓN LAMORA LAFRA (14) y de Victoria Lamora Abad (15). El era de Chía y ella de Villanova. Constantina se casó con Juan Brunet Campo en la parroquia de San Vicente, de Chía, el 16 de abril de 1913.
Nacieron cuatro hijos de ese matrimonio, tres varones y una chica, mi madre. Constantina murió el 28 de diciembre de 1925 de "pleuresia serofitosa". La enfermedad fue muy corta, según escribe su marido Juan, en un cuaderno donde daba cuenta de todo lo que ocurría en la familia. Explica Juan, que su mujer se puso enferma el 18 de diciembre y el 28 del mismo mes, a las 11 de la noche, ya había fallecido, estando acompañada durante todo ese tiempo por su padre y por su madre. Estuvieron casados 12 años. Fue una de las primeras personas en ser enterradas en el cementerio nuevo de Campo, a donde la llevaron 12 mujeres y cuatro curas. Según el mismo escrito de Juan Brunet, al año siguiente, cuando se celebró el "cabo de año" fueron todos a la iglesia, es decir, los tres hijos que le sobrevivieron, Juanito, Joseret y Vitorina (Victoria); él, con su nueva esposa, María Mora Fortuño, y la criada.
Juan anotó detalladamente toda la medicación que le suministraron a Constantina, medicación que por cierto, unos meses después del fallecimiento aún estaba pagando. En cada hoja, precedidos por la fecha, figura el nombre del medicamento y su precio:
Diciembre:
19.- Poción saturada de cloroformo, 300 gramos 3 ptas.
20.- Cuatro sellos de aspirina 2 ptas.
21.- Un frasco de febroxil cera 12 ptas.
22.- Una inyección morfina. Infusión digital y cafeína 6 ptas.
22.- Cuatro sellos de piramidón y cloruro de quinina 3 ptas.
23- Tres inyecciones de aceite alcanforado 7,50 ptas.
24.- Poción expectorante de carbonato amónico, etc. etc. 3,50 ptas.
24.- Tres inyecciones de cafeína 7,50 ptas.
24.- Cuatro sellos de piramidón y cloruro de quinina 3 ptas.
25.- Tres inyecciones de cafeína y ac. Alcanforado 7,50 ptas.
26.- Seis inyecciones de cafeína y ac. Alcanforado 15 ptas.
27.- Poción expectorante de carbonato amónico, etc. 3,5o ptas.
28.- Dos inyecciones de aceite y cafeína 5,- ptas.
Posteriormente, compraron al boticario:
1926, Abril, 15.- Una purga de "calomélonos" 0,50 ptas.
" " 15.- Solución desinfectante de ácido lácteo 3,50 ptas.
" Mayo, 25.- Cinco pastillas vermÍfugas Prats. 1.25 ptas.
________________
Suma total pesetas s. e. u. o. 98.75 ptas.
===============
(14): RAMÓN LAMORA LAFRA nació en Chía (º: 29.10.1859) en casa "Pep de Ribera" y era hijo de JOSEF LAMORA MARTÍN (28) y de Vicenta Lafra (29). Se casó en Villanova el 23.6.1888 con VICTORIA LAMORA ABAD (15).
(15): VICTORIA LAMORA ABAD, (º:Villanova, 23.12.1868) (+: Campo, 2-1-1952) era hija de JOSEF LAMORA BALLARIN (30) y de Juana Abad Sahún (31). Se casó con RAMON LAMORA LAFRA (14) en Villanova, el 23.6.1888.
(28): JOSEF LAMORA MARTÍN, (Chía, (27.9.1829) (+: Chía, 28.9.1904), hijo de JOSEF LAMORA ARTIGA (56) y de Antonia Martín Rufat (57). Se casó en Villanova con Vicenta Lafra Villalba (29) el 26.4.1856.
(30): JOSEF LAMORA BALLARÍN (º: Sesué, 16-3-1842) hijo de RAMÓN LAMORA BIELSA (60) y de Manuela Ballarín Raso (61). Casado con Juana Abad Sahún (31).
(56): JOSEF LAMORA ARTIGA, (Chía, 29.2.1893) era hijo de ANTONIO JOSÉ LAMORA BIDALLER (112) y de Teresa Isabel Ana Artiga Blanch (113). JOSEF LAMORA se casó con Antonia Martín Rufat (57), el 2 de enero de 1824, en Chía.
(60): RAMÓN LAMORA BIELSA. (Sesué, 10.10.1809) hijo de MANUEL LAMORA PERE (120) y de Magdalena Raymunda Bielsa Barrau (121).
(112): ANTONIO LAMORA BIDALLED, hijo de ANTONIO LAMORA BERENGUERÍA (224) y de Manuela Bidalled Mallo (225). Confirmado en Renanué en 1712. Casado con Teresa Isabel Artiga Blanc (111) en Chía el 28.1.1787.
(120): MANUEL LAMORA PERE, (º: Sesué, 9.1.1786), hijo de Manuel Lamora Palacín (240) y de Raymunda Pere Torrente (241). Casado con Raymunda Bielsa Barrau (121), en Eresué, el 12.5.1807.
(224): ANTONIO LAMORA BERENGUERÍA. Hijo de JUAN LAMORA (448) y de Theresa Berenguería (449). Casado tres veces. En primeras nupcias con María Ribera Vilellas, de Chía, que aportó la casa y el nombre de su familia a toda la descendencia de su marido, "casa Ribera". María había nacido en 1700. Al quedarse viudo, contrajo segundas nupcias con Mariana Sigirán Pallás, el 11 de agosto de 1740, y, finalmente, en terceras nupcias, contrajo matrimonio con Manuela Bidalled (225), en El Run el 2.8.1747.
(240): MANUEL LAMORA PALACÍN, (º: Sesué, 19.12.1753) hijo de MANUEL LAMORA LOVERA (480) y de MARIANA PALACÍN. Casado con Raymunda Pere Torrente (241) por poderes, el 25.8.1779.
(448): JUAN FRANCISCO LAMORA, se casó con Theresa Berenguería (449) y se fueron a vivir a Renanué.
(480): MANUEL LAMORA LOVERA, se casó el 28.7.1747 con Mariana Palacín Puyo (481).
(Para facilitar la lectura y comprensión del texto, recordad que los padres llevan un número que es el doble del que lleva el hijo. Las madres llevan el doble + 1. Los hombres son siempre pares y las mujeres impares).
sábado, 28 de febrero de 2026
JOAQUÍN MALLO CASTÁN
HIJO PREDILECTO DE CAMPO
Visitando el blog "Villa de Chía" dedicado a la Historia local, muy bien documentado, por cierto, y con temas muy diversos, me he llevado una gran sorpresa. He encontrado una referencia a Campo, al que se pone como ejemplo de pueblo agradecido. Se muestra la foto de un certificado que nuestro pueblo ofreció a D. Joaquín Mallo Castán, en el que se le nombra hijo predilecto y se le manifiesta el reconocimiento del pueblo de Campo por su labor como diputado.
Joaquín Mallo, nació en Chía el 12 de febrero de 1884. Después de haber vivido un tiempo en Fernando Poo, donde se dedicó a la explotación del cultivo del cacao y del café, además de otras actividades económicas y sociales, pasó a residir en la Península, donde se dedicó a la política, siendo diputado por Huesca en las Cortes de Madrid durante varios años. Murió en Francia, en 1938, donde se había refugiado huyendo de la Guerra en España, ya que había recibido una sentencia de muerte y todos sus bienes habían sido confiscados.
El agradecimiento mostrado por Campo al Sr. Mallo Castán, se debe probablemente a la labor que el político llevó a cabo, para conseguir la aprobación del trazado de la carretera Campo-Arro y su ejecución.
Firman: los Concejales, el Alcalde y el Secretario.
lunes, 16 de febrero de 2026
domingo, 8 de febrero de 2026
BRUNED, BRUNET
Y lo escribo terminado en "d" o en "t" porque así, indistintamente, lo han utilizado varias ramas familiares con este apellido. En los tratados de genealogía se le confiere un origen borgoñón (Francia). Actualmente está mucho más extendido en Francia que en España. Nosotros lo hemos encontrado en San Juan de Plan, Barbaruens, Seira, Sahún, Chía, y los datos más antiguos se menciona una familia que habitaba en la Carlania de San Pedro de Tabernas, una casa aislada y fortificada.
Hoy vamos a hablar de mi abuelo materno, JUAN BRUNED CAMPO (3), pero empezaremos por el primer BRUNED de la familia, mi madre. (Recordemos que la información de menos de cién años, no se facilita completamente).
(6): JUAN BRUNED CAMPO (º: Seira, 18-12-1886) (+: Campo, 10-6-1977) era hijo de JOSÉ BRUNED MORA (12) y de Antonia Campo Mir. Como su madre murió cuando él apenas tenía 9 años, y su padre se volvió a casar, lo mandaron a Olvena, donde vivía una hermana de Antonia, y allí lo pusieron a trabajar como zagal, cuidando el rebaño. Nos contó que cuando ya tenía unos catorce años, un día el cura del pueblo fue a verle y le dijo que ya se estaba haciendo muy mayor y tenía que hacer la Primera Comunión. Así pues, arreglaron las cosas de modo que un domingo por la mañana fue a misa a primera hora, comulgó y cumplió con la Santa Madre Iglesia, aunque no del todo, para ser sinceros, porque se olvidó de no comer nada antes de la comunión y desayunó tranquilamente antes de ir a misa, sin respetar ayuno alguno, como era obligatorio en aquella época.
Cuando ya tuvo la edad requerida, fue a trabajar en la obra del Congosto del Ventanillo, en la carretera que se construía entre Seira y Benasque (abierta al tráfico rodado en 1907). Allí le pagaban un real al día, por estar picando la roca de sol a sol.
Cuando le llegó la hora de hacer el servicio militar, que entonces duraba cinco años, le tocó como destino Barcelona y tuvo la suerte de poder aprender en el ejército el oficio de barbero, del que siempre estuvo muy orgulloso.
Se casó con Constantina Lamora Lamora, el día 16 de Abril de 1913, en la iglesia de Chía. Poco después hicieron el contrato matrimonial sobre un papel de la "Sociedad General de Fuerzas Hidro-Eléctricas de Barcelona". Concretamente sobre un Comprobante de Jornales. Allí se puede leer lo siguiente:
(Trabajos de) RAMÓN LAMORA (14) y VICTORIA LAMORA (15) nos obligamos darle a Constantina Lamora (7) por vía de dote 500 pesetas en dos plazos. Y dichos plazos se han de pagar el primero del día 25 de Octubre de 1913, y el segundo el mismo día del año anterior. También se obligará darle 7 trajes y servicio de cama, o sea, cama completa y dos sábanas más, y 4 pañuelos y un mantón para el cuello, y dos pares de zapatos nuevos y dos que tiene. Hecho fue en el Run, el día 7 de abril de 1913, ante los testigos José Mur, a ruego de Ramón Lamora y Victoria Lamora, que dicen no saben firmar. Firmo: José Mur.
El matrimonio se instaló primero en Seira, donde nacieron sus tres primeros hijos, y luego se fueron a Campo. Allí, con su hermano José, mano a mano construyeron la casa en la que iban a vivir. Primero abrió una tienda de ultramarinos y vinos, mientras trabajaba también como barbero. Después, dejó lo de comestibles y se dedicó a atender la taberna, en la que se servían comidas y también se alquilaban habitaciones. Con estas dos actividades "Barbería-taberna" no le fueron mal las cosas, aunque siempre trabajando mucho, pero como él decía "el mejor negocio es aquél en el que te vienen a traer el dinero a casa". Su mujer Constantina murió de fiebres puerperales después de dar a luz a su cuarto hijo, una niña a la que llamaron Victoria (2), mi madre. Victoria nació en noviembre del 24 y Constantina, su madre, falleció el 28 de febrero de 1925.
JUAN BRUNED (6) y Constantina (7) tuvieron cuatro hijos:
- Alfredo Bruned Lamora (Seira, 12-1-1910). Falleció siendo un niño.
- Sebastián Juan Bruned Lamora (Seira, 13-1- 1914).
- José María Bruned Lamora (Seira, 17-10-1918). Murió en el frente, durante la Guerra Civil en 1938, según atestiguaron sus compañeros, pero no se consiguió recuperar su cuerpo y se le ha dio como "Desaparecido"
- Victoria Bruned Lamora (3)
(Mesas en la taberna de Juan Brunet. En la foto se puede ver a Victoria Bruned y a María Mora)
En 1926, JUAN BRUNED (6) solicitó autorización para casarse de nuevo. La segunda esposa se llamaba María Mora Fortuño, de 28 años, nacida en Chía. La familia se ocupó de encontrar a esta joven discreta y trabajadora, que ayudara a criar a los hijos de Juan y, sobre todo, atender a la recién nacida. Pidieron al Obispado la Dispensa correspondiente, solicitando que le suprimieran dos de las tres amonestaciones que eran preceptivas, porque, como se argumentaba en la petición:
"JUAN BRUNED desea contraer matrimonio entre sí lo antes posible por ser urgente al contrayente normalizar su situación para atender al cuidado de los tres hijos de corta edad que le han quedado de su anterior matrimonio y también para la buena marcha leció su esposa, y a dicho objeto quisieran verificar su proyectado enlace sin que se publiquen la tres canónicas nominaciones".
En la casa de la novia, en Chía, le prepararon la dote a María e hicieron una relación de todo lo que se le daba, para que el novio firmara el correspondiente recibo. Leyendo esta lista se puede ver cuál era la ropa más usual en los hogares de nuestros pueblos durante aquellos años de principios de siglo XX y, también, cuál era el atuendo que llevaban las mujeres. Le dieron:
"Un colchón, una funda, un almohadón, dos sábanas, una manta, una cubierta, ocho camisas, cuatro camisetas, una chambra, cuatro pares enaguas, un refajo, cuatro pares "pantalones", cuatro vestidos de lana, uno de algodón, seis pares de medias, un abrigo, dos toallas, un mantel, media docena servilletas, un corsé, dos pares de zapatos, un manto, dos mantillas, un cofre y dentro con dinero 1000 pesetas, que es lo prometido".
No estaba mal la dote de María, comparándola con lo que, seguramente, descubrió en su nuevo hogar... En la casa de su marido, en Campo, más que sábanas y manteles encontró mucho trabajo y grandes responsabilidades. De este matrimonio nació una hija, Dorita Bruned Mora.
(12) JOSÉ BRUNED MORA (º: Seira, 27-2-1864) (+: Seira, 27-2-1924) era hijo de ANTONIO BRUNED BALLARÍN (24) y de Antonia Mora (25); se casó con Antonia Campo Mir (Datos Dispensa 1890) en primeras nupcias, y con Teresa Mur Ariño, en segundas, el 10 de diciembre 1898.
(24) ANTONIO BRUNED BALLARIN (º: Barbaruens), casado con Antonia Mora (25), hijo de Antonio Hemeterio Celedonio Bruned Guillén y de Joaquina Ballarín Guillén.
(48) ANTONIO HEMETERIO CELEDONIO BRUNED GUILLÉN (º: Barbaruens, 9-12-1797), hijo de Inocencio Bruned Andreu y de María Guillén Vilas, y casado con Joaquina Ballarín Guillén. Datos Dispensa 1820).
(96) INOCENCIO BRUNED ANDREU, casado con María Guillén Vilas (97) en 1778.
(192) FELIPE BRUNED ANDREU, hijo de JOSÉ BRUNED y María Catalina Solana, obtiene una Dispensa en 1753, Legajo 59, para casarse con María Andreu Solana.
(384) JOSEPH BRUNED, casado con María Catalina Solana Mir (º: 8-5-1673).
sábado, 17 de enero de 2026
¡Gracias!
Colegas y amigos/as de distintos medios, han recogido la noticia del Record Guinness que nos han concedido y nos han transmitido sus felicitaciones. ¡Muchas gracias! Porque ¿de qué sirve una alegría si no se puede compartir?
Mariano Coronas, director de la revista "El Gurrión" de Labuerda, entre muchas otras cosas, siempre ha sido muy generoso conmigo, y yo le estoy muy agradecida por haberme permitido colaborar en su estupenda revista. En este número especial, me ha dedicado un cariñoso comentario. ¡Gracias!
El "Gurrión". Labuerda. Noviembre de 2025. Número 181
"María José Fuster Brunet, genealogista e historiadora de Campo (Huesca), ha alcanzado un hito tan singular como impresionante: posee la mayor colección de hueveras del mundo, reconocida oficialmente por el Libro Guinness de los Récords. Durante 50 años, María ha reunido 15.485 piezas únicas, desde modelos clásicos hasta diseños con personajes icónicos como Garfield, Superman o Betty Boop. Apasionada por compartir su afición, María mantiene 1.143 piezas expuestas en un museo local, permitiendo que vecinos y visitantes disfruten de esta sorprendente colección. Leímos esta reseña en la Cadena Ser a finales de agosto y añadimos... María José fue protagonista de la sección “Y tú..., ¿qué coleccionas?” en el número 94 de la revista El Gurrión (febrero de 2004), páginas 14-16. Hace 21 años, ya nos comentó que una de sus ilusiones sería “para cuando sea viejecita, abrir un museo de la huevera en Campo. Lo tendría muy bien puesto, cerrado (como todo museo de pueblo que se precie) y cuando viniera alguien a visitarlo, yo se lo explicaría de la “a, a la z”...” Parece que finalmente, su deseo se hizo realidad. Anotamos que, en aquella entrevista de coleccionismo, María José nos dijo que poseía 3.145 piezas en su colección. Cantidad que ha multiplicado por cinco, con el paso de los años. Pero es que, además, si miras en los índices de la web de El Gurrión, el listado de colaboradores, por orden alfabético, verás que María José escribió 16 artículos, entre 2004 y 2007, la mayoría bajo el título de su sección: “Conociendo a nuestros antepasados” y haciendo uso de su formación genealogista. Por todo lo anterior, felicitamos a María José Fuster Brunet, que también ha publicado libros y nos alegra que alguien relacionada con nuestra revista obtenga ese curioso reconocimiento. Siempre ha habido gente que presume de que en Aragón “tenemos muchos huevos”; bueno pues, que sepan que también tenemos dónde guardarlos, en esas más de 15.000 hueveras."
Y la "Association Française de Collectionneurs de coquetiers" a la que estoy muy contenta de pertenecer desde ya hace algunos años, también nos ha dedicado su atención, con un comentario en su Boletín. Gracias a todos.





















