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sábado, 23 de junio de 2012

Del Esera al Isábena a través del Turbón, saliendo de Campo

Un recorrido a finales del siglo XIX


El Instituto de Estudios Altoaragoneses de Huesca, publicó en 1991 el libro en el que Hèctor Moret i Coso reunía cuatro artículos de Pere Pach i Vistuer, publicados en el Boletín del Centro Excursionista de Cataluña, alrededor de los años 20. El título de dicho libro es “Pere Pach i Vistuer: Articles Ribagorçans i altres escrits”. El primer artículo de la edición que comentamos se titula “Excursió de l’Éssera a l’Isàvena a través del Turbó” y comienza con una referencia a Campo, que nos permitimos traducir del catalán al castellano.
Pere Pach i Vistuer nació en Roda de Isábena en 1862. Su padre también era de Roda y su madre de la Puebla de Fantova. Al morir el padre, Pere se trasladó con su madre a Barcelona, en el año 1874. Durante cincuenta y dos años ocupó el cargo de conserje del Centro Excursionista de Cataluña, participando en las actividades del Centro y colaborando con sus artículos en el Boletín del mismo.
“El macizo del Turbón separa las riberas del Esera y del Isábena. Es ese lugar la parte más estrecha del antiguo condado de Ribagorza, que queda delimitada por los ríos Esera y Noguera Ribagorzana, a una distancia de unas siete horas el uno del otro, siendo el Isábena el río que discurre por el medio de la comarca. Muy pocos son los mapas que describen los pueblos de estas riberas y pocos también los excursionistas que las han explorado. El trayecto más corto para ir de la ribera del Esera a la del Isábena es desde Campo a Villacarle, para lo que, pasando por el valle de Lierp, hay que contar de cuatro a cinco horas.
De regreso de nuestra excursión por el Pallars, Arán y Maladeta, el día 11 de agosto pasado, paramos en Campo, yendo a parar a la nueva fonda de Antonio Canales, situada en la carretera, modesta y muy recomendable.
Campo se encuentra a mitad de camino entre Graus y Benasque. Es una villa de unos 800 habitantes, situada en un amplio llano con extensos campos cultivados y a 732 metros sobre el nivel del mar, a la izquierda del Esera y a la derecha del río Albo. Tiene al norte la típica sierra de Cervín (1.696 m.), de amplios panoramas, aunque no se parece en nada, según Gourdon, a su hermana mayor, la altiva cima de los Alpes suizos del mismo nombre.
Las calles de Campo en general son estrechas, las casas miserables. En la plaza mayor se levanta una hermosa cruz románica, aunque la falta de cultura hace que la utilicen para sostener la iluminación eléctrica.
Su iglesia románica de campanario no muy alto, conserva muy poco de su antigüedad. Según consta en un pergamino de la ex-catedral de Roda, en el año 960 el obispo de aquella sede, Odesindo, hijo de Ramón y de su mujer Garsenda, condes de Ribagorza, mandó edificar una iglesia en la villa de Campo, que consagró en honor de la Virgen María, del arcangel San Miguel y de San Vicente Mártir.
Más tarde, dicha iglesia fue donada al abad del monasterio de San Victorián, que habitualmente elegía siempre como prior a uno de sus monjes.
Con fecha 29 de mayo de 1094, el rey Sancho Ramirez nombró rey de Sobrarbe y Ribagorza a su hijo Pedro y éste donó a Ramón Dalmau, obispo de Roda, la iglesia de Santa María de Campo, entre otras. Hoy pertenece al obispado de Barbastro.
En un documento fechado en Teruel el 1 de noviembre de 1297, firmado por el rey Jaime II de Aragón, se dice que, en agradecimiento a la obediencia prestada por los ribagorzanos y por la fidelidad con que éstos le servían, se concedía a los valles de Bardaxí y de Lierp el privilegio de celebrar feria o mercado perpetuo, todos los miércoles, en la villa de Campo. Actualmente, por falta de animales sólo se celebra una vez al año, en los días 18 al 24 del mes de octubre. De aquí el dicho “Campo, feria de fango”, por las lluvias que en aquella época acostumbran a caer. Cuenta con varias industrias, especialmente la fabricación de cucharas y otros objetos de madera.
Conserva en su término las ermitas de San Blascuto, que fue monje del monasterio de San Victorián, la de San Antonio Abad y la de San Sebastián.
El llano de Campo está rodeado de altas montañas de bonita silueta, no teniendo más salida que por la ribera del Esera. Al sur queda cerrado por la sierra de Murillo; al sudoeste por los Castellazos y Naspún; al oeste por la Fueva, Peña Montañesa y sierra de Lavien; al noroeste, a 2.910 m. de altura sobre el nivel del mar, formando barrera, el barranco de Collivert, se destacan las esbeltas aristas del altivo Cotiella; al norte la sierra de Cervín, de la que ya hemos hablado y al noreste se ve majestuoso el Turbón, sostenido por la sierra de Ejea.
Todas estas sierras, como hemos comentado anteriormente, han sido muy poco visitadas por los excursionistas, aunque tienen lugares dignos de ser contemplados y poseen, por tanto, muchos atractivos.
Hace algunos años (1889) que, encontrándonos con nuestro amigo Josep Llenas en el pueblo de Espés, hicimos la ascensión al Turbón, cuya cima está situada al sur de dicho pueblo. Mirando desde Espés, se ve que sobresale un vasto e imponente macizo, parecido a un tronco de roble roto, formando una masa gris que constituye, por así decirlo, el horizonte de Aragón. Dicen los aragoneses: “Turbón, centinela de Aragón” y con razón, pues sabido es que cuando el Turbón está nevado se distingue perfectamente desde el Puente de Piedra de Zaragoza, así como desde el portal de San Martín de Lérida.
Esta montaña es de muy fácil acceso, pero no por eso deja de ofrecer un panorama soberbio aunque sólo alcance los 2.500 m. de altura. La gente de los alrededores la señalan como observatorio magnífico, desde donde puede extenderse la mirada sin estorbo alguno, tanto por encima de las sierras secundarias que bajan y se escalonan hacia las llanuras, como hacia el dosel que forman las altas montañas pirenáicas, cubiertas de nieves perpetuas.
Recordando aquella ascensión y encontrándonos tan cerca, nos decidimos a escalar ese gran macizo y continuar nuestra excursión por la ribera del Isábena.
Preguntamos cuál era el mejor camino a seguir para llegar a la cima y nos aconsejaron que el mejor y menos cansado era el de Ejea, pues el de Bardaxí es más fatigoso y en el que es más fácil perderse. Nos decidimos, pues, por el primero.
Al día siguiente, de buena mañana, salimos de Campo pasando por delante de la capilla de San Sebastián, por un camino de herradura medio carretero, siguiendo la orilla derecha del río Albo, cuyas aguas proceden de la valle de Lierp. A treinta minutos de Campo, se deja a la izquierda un camino que conduce a los pueblos de Santa Maura y Biescas, y a los cinco minutos siguientes otro muy escarpado que llevan a la cuadra de Ballarín, al pueblecito de Aguascaldas y al valle de Bardaxí.
El camino que seguimos va planeando por la ribera del río, entremedio de huertos y, a quince minutos, cruzamos por una palanca el barranco de Ciallas, que al salir del estrecho valle se abre a través de la llanura gozoso de recobrar su libertad, uniéndose al poco tiempo con el río Albo, que deja sus aguas al Esera, debajo mismo de Campo.
En el valle de Bardaxí la vegetación forestal es más frondosa y no lejos de la palanca crecen algunos robles y unos cuantos pinos; un poco más lejos los árboles son más espesos hasta transformarse en bosques sombríos, alzándose hasta el puerto de la Muria y San Andrés, en dirección de San Feliu del valle de Castejón de Sos.
Continuando nuestro itinerario, el camino se remonta en dirección nordeste y poco después al este siguiendo el río a cierta distancia hasta que, más tarde, se vuelve a acercar a éste.
El camino sigue arduo y en algunos trozos es llano, entre garrigas y bojes destacando al otro lado de la ribera la escarpada sierra de Espluga, pueblecito que, situado a mitad de la cuesta, sobresale entre gruesos nogales y verdes prados. A dos horas de Campo, el valle se va estrechando y en algunos lugares el camino se abre a golpes de pico en la roca viva, o dibujado por encima de los pedregales que caen rodando de la sierra de Ejea y de los contrafuertes meridionales del Turbón. Entrando en el congosto de Ejea se destaca sobre la escarpada la ermita de San Antonio que domina la hermosa llanura de Campo, y el gran macizo del Cotiella. A la izquierda del camino y sobre éste, a poca distancia, se observa una gran hoquedad que llaman la cueva de las Cabañeras. Poco después, subitamente, nos encontramos con las primeras casas de Ejea y se nos ofrece a la vista el hermoso valle de Lierp, una amplia llanura, nacimiento del río que hemos seguido. Total, dos horas y media desde Campo.
Ejea es un pueclecito muy pequeño, cabecera del municipio del valle. Su iglesuela rural es de segunda y está dedicada a San Esteban Protomártir. Pertenece al obispado de Lérida y está enclavada a 1.085 m. sobre el nivel del mar. El valle de Lierp es la divisoria de aguas del Esera y el Isábena.
Este valle encantador está formado por los pueblos de Ejea, Espluga, Paderniu, Piniello, Serrat y Vilas de Turbón y cuenta con 225 habitantes.
Llegando a Ejea, lo primero que hicimos fue buscar un hostal con el fin de descansar, yendo a parar a casa de Sebastián Serena, persona muy simpática de quien ya teníamos muy buenas referencias.
Después de descansar un poco, salimos a dar una vuelta por los alrededores de la iglesia y, por unos caminos pedregosos, subimos hasta la capilla de San Antonio, para ver mejor la llanura de Campo que habíamos dejado. Visitamos también el pueblecito del Serrat, que dista unos quince minutos.
Habiendo anunciado nuestro propósito de subir al Turbón, fueron muchas las personas del pueblo se mostraron deseosas de acompañarnos y así formamos un buen grupo, compuesto por el rector mosén Arcadi Alemany, el señor Serena y su hija Pilar, el señor Ariño y su simpática hermana Consuelo, mi hijo y el que suscribe y, a las cuatro y media, saliámos de Exea en dirección noreste por el camino de las Vilas que pasa por el Serrat, atravesando algunos campos. Más tarde, se nos agregó el señor Garanto, uno de los principales propietarios de este valle”.

(Fotos gentileza de Angel Huguet Ascaso, José Luis Pallaruelo y José María Ariño Castel)

domingo, 20 de febrero de 2011

Viaje en tartana (2)

(Continuación)




Llegada a Campo (11 de febrero de 1909)


Viajando en tartana habían llegado los viajeros a Campo. El relato del corresponsal ofrece la descripción del pueblo y refiere lo que hicieron ellos, los visitantes, durante su corta estancia:

"Campo es un pueblo rico, de huerta fértil y pastos abundantes; en la industria anoto la fabricación de cucharas. La gente del país dice "que tiene de todo un poco" y así lo pasa admirablemente.

La plaza principal es un rectángulo con cruz gótica en el centro y porches desiguales. La población en general es de aspecto simpático; para el servicio público hay luz eléctrica y fuentes; la administración principal es modelo de regularidad.

Al otro lado del Esera está la ermita de San Velastuto, abogado del mal de oído. Aquí podían venir los que tienen oídos y non oyen... En el romance de la tierra se llama a este santo "San Blascut", por lo mismo que al río Albo le denominan "Rialgo".

Un acueducto de doce ojos de tosca factura, construcción de cerca de un siglo, denuncia los afanes de riego de una época anterior al regadío de que hoy se enorgullece este pueblo.
La carretera a Benasque obra de cíclopes, en el eterno suspiro de esta comarca. Entonces se les dará por añadidura a las gentes del país lo que ahora no gozan, pues no tardaría mucho a que las entrañas de esta tierra privilegiada vomiten la riqueza de mineral lucrativo a esta parte de nuestra provincia, relegada actualmente a muy cortos medios de subsistencia.

Con el término de ésta y la consecución de la que comunicará a Campo con los Valles de Bardají y de Lierp, Las Vilas, Torrelarribera, Calvera y Serraduy, y son la de Arro a esta población, enlace con la de Barbastro a la frontera, cúmplense las aspiraciones del país, que espera y confía en que se han de realizar estas obras de utilidad altamente beneficiosas a la comarca.

En Campo he tenido la satisfacción de saludar a excelentes amigos de "El Diario de Huesca": a D. Juan Antonio Palacín y otros cuyos nombres no recuerdo. De Boya, el ilustre secretario F. José Boya Pons, mi querido amigo de la infancia y de la gramática latina de Raimundo Miguel, no me puedo olvidar. Como tampoco olvidaré estas horas deleitables pasadas aquí en la grata compañía de D. José López y de su apreciable familia y de las buenos y cariñosos amigos. Campo es un lugar sugestivo que atrae con encantos irrestibles: hasta los montes de picos que rasgan las nubes mueven a especial simpatía; son tan amables que están nevados y nos dan frío.

El regreso es rapidísimo. Las nieblas lo invaden todo. El sol pugna por decorar la escena con sus tintes de oro.
En Morillo saludamos a Ramón Trillo, y corremos, corremos hacia Graus, antes de que la noche nos coja en el camino.
Hemos llegado sin novedad, y después del arribo ponemos punto final a esta crónica".


Firmado: Salvador M. Martón. Graus, 10-2-1909




(Fotografías paisajes: Angel Huguet y M. J. Fuster. Imagen de los Porches, postal gentileza J.A. López)

jueves, 17 de febrero de 2011

Viaje en tartana

Hace poco más de cién años...




Fue concretamente el 11 de febrero de 1909, cuando se publicó en "El Diario de Huesca" (Hemeroteca del Diario del Altoaragón) el relato de un viaje en tartana de Graus a Campo, con regreso al punto de partida. El artículo decía así:

"Desde Campo. Impresiones de viaje.


Un día que ni hecho de encargo para solaz y pasar agradable de los viajeros que se disponían a tomar una tartana lista a la puerta del bazar multiforme de Valentín Pérez y Compañía.

Graus no era el mismo de anoche. La tranquilidad y dulce calma nocturnales trocáronse en ansias de vida, movimiento desusado, ajetreo incesante.
Apenas el sol se ha elevado sobre las crestas que forman el profundo lecho del río y ya tenemos a la villa en plena actividad. La dejamos con dolor intenso; da pena escapar carretera adelante, desafiando al ingente Turbón, sin saber si mañana otro día esplendente como hoy, nos brindará ocasión propicia de recorrer esa localidad pintoresca.
Un paisaje ignoto es siempre encantador; por algo se dice aquí que "todo lo nuevo place".A la salida cruzamos el Esera por un puente invertido, de los que tienen los arcos por arriba. ¡Ay! puente de El Grao, ¡cómo te admiro cada vez que paso y repaso sobre tu arcada, admiración de sabios y de ignorantes!
Al trote largo de dos mulos poderosos corre la tartana tragándose kilómetros.
Es nuestro guía José López, cadet, y somos viajeros don José y don Martín López, Paquito López, Escamilla y un humilde servidor de ustedes.

Dejamos atrás Perarrúa y hacemos alto en Santaliestra, punto de refrigerio. Aquí se habla de cosas de interés comarcal. De la cosecha de aceite qe ha sido remuneradora, de que el precio oscila entre 58 y 60 pesetas el quintal. Los molinos de antigua construcción se hallan en periodo de moltura. Según cálculos aproximados, la riqueza oleoginosa importará más de 100.000 duros en este país. La calidad del fruto es inmejorable en algunos pueblos, rindiendo el pie hasta dos quintales.

El "agape" de tente en pie nos ha dado fuerzas para seguir el camino hacia el Turbón, atravesando sierras y más sierras, sin dejar la margen del río, pasando por desfiladeros que se ofrecen a la visa del espectador como término inaccesible del viaje y final del camino; pero la carretera culebrea replegándose por las faldas de los montes y el camino sigue presentando nuevo panorama, el valle angosto, los inhiestos picachos, las laderas nevadas, los arroyuelos que de lo alto se desprenden en cajarones de hielo que afectan mil estrambóticas figuras.

A veces parece la carretera colgada y allá, en la profundidad, el Esera de las truchas saltarinas corre entre verdoso y azulado con diafanidad purísima; nuestro querido acompañante D. José, bebedor acuático de primera fuerza, nos dice que el del Esera es el mejor bebestible que se conoce en el mundo. Transponemos el tunel, admirando el paisaje nevado que en última mutación nos brinda la naturaleza. Los torrentes obstruyen el camino de vez en cuando y el firme está cristalino. Las caballerías tiemblan en esta bajada helada, muy propia para patinar.


Morillo de Liena, con su hermoso puente de hierro, es la postrera estación del viaje. Muy luego salvamos la garganta megalítica que da paso al río como portalón abierto para estos menesteres y vemos a Campo, que se asienta al resguardo del Turbón, en medio de una hoya amplísima de elevados e ingentes paradones.
Esto fue un lago inmenso, mientras las aguas no pudieron horadar aquella barrera de roca viva".
(Continuará...).
(Fotos gentileza de: Ilustración tartana, ("Vida literaria. 7-1-1899). Graus: Celedonio García. Paisajes: Javier Fuster y Ángel Huguet)