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jueves, 21 de marzo de 2019

Mur, de Mur


Mur, de Mur 
  
Aunque en algunos lugares y épocas las familias con el apellido Mur o de Mur utilizan uno u otro  con mucha precisión, en otras ocasiones, en una misma rama familiar se pueden encontrar indistintamente las dos acepciones, por eso nos parece más oportuno no separarlos. Mucha es la información que tenemos sobre los "de Mur" y Mur de Saravillo, Serveto, Sin, Chía, etc. pero en este espacio vamos a tratar solamente de aquellos localizados en Llert, Belvedé y Campo En otra ocasión daremos más datos genealógicos que tenemos de otros Mur de Espluga, con ramificaciones en Campo.

CAMPO, BELVEDÉ.-
Llert (Huesca)
De Llert era Marco Antonio de Mur, casado con Teresa Castel. Cuando un hijo de este matrimonio, Jayme de Mur Castel se casó en Bacamorta, el 29 de agosto de 1752, con Isabel Pera Laencuentra, se dice que el novio era viudo, natural de Llert pero residente en Aguascaldas. 
Del matrimonio de Jayme e Isabel nació Melchor de Mur Pera, el 7 de enero de 1758. Fueron sus padrinos José Cereza, de Biescras, y Joaquina Pera, de Aguascaldas. Se casó en Campo, el 8 de noviembre de 1791 con Josefa Abad Larramona, actuando como testigos José Mur y José Vidaller. Melchor, falleció en Campo el 15 de septiembre de 1884. Fueron hijos suyos: 
1°).- Josefa de Mur d’Abad, que se casó el 14 de junio de 1813, en Campo, con Antonio Sierra Río. 
2°).- Antonia de Mur d’Abad, nacida en 1808, fueron sus padrinos Ramón Pujol y Vicente d’Abad. Se casó con Joaquín Sillés Asín el 12 de noviembre de 1828. Joaquín era alpargatero. 
3°).- María de Mur d'Abad, nació y fue bautizada en Campo el 20 de enero de 1812 y fueron sus padrinos Pablo Salinas y Teresa Sierra. Se casó el 8 de mayo de 1837 con Juan Fuster Mur, actuando como testigos de la boda José Costa y Juan Aventín. María murió el 11 de julio de 1886 a consecuencia de una gastritis. 
Descendientes de estas dos hermanas solicitaron en 1891 una Dispensa para poder contraer matrimonio. 
4°).- Melchor de Mur Abad, nacería alrededor de 1810 porque en el registro de defunción, que data del 31 de agosto de 1898, se dice que tenía unos 80 años. Falleció en Belvedé. 
5°).- José de Mur Abad se casó con Teresa Peyred Ballarín el 18 de septiembre de 1823. También fué un mes de septiembre, el 15 de septiembre de 1855, cuando falleció, en Campo, a causa del cólera que azotó toda la comarca. Un hijo suyo, Antonio de Mur Peyred se casó con Josefa Ricarte Ferraz. 
6°).- Antonio de Mur Abad, nacido el 7 de octubre de 1804,  btuvo una Dispensa el año 1829 para casarse con María Teresa Canales Castán, viuda de Joaquín Costa Laencuentra. Este matrimonio debió instalarse para vivir en Belvedé, porque un hijo suyo, Antonio Mur Canales se casó en Campo con Victorina Ariño Cereza, el 27 de abril de 1853 y los hijos de esta pareja nacieron en Belvedé. Conocemos a:
   6.1.- Antonio Mur Ariño, nacido en Belvedé el 4 de febrero de 1856, se casó en la iglesia de San Andrés de Foradada el 10 de noviembre de 1884, con María Laencuentra Solanilla. Una hija suya, María Mur Laencuentra, solicitó una Dispensa en 1912 para casarse con José Laencuentra Mur.             6.2.- Generosa Mur Ariño nació el 20 de marzo de 1854 y se casó el 11 de noviembre de 1885 con José Laencuentra Solanilla. Esto fue un matrimonio ‘a cambios’.      
   6.3.- José Mur Ariño contrajo matrimonio con Joaquina Abad Costa el 16 de noviembre de 1859, y fueron los padres de Manuel Mur Abad, que pidió una Dispensa en 1920 para casarse con Marcelina Mur Mur (prima suya).  
   6.4.-  Victoria Mur Ariño se casó con José Mur Cereza.   
ESPLUGA
En Espluga, Simón de Mur Torrente, hijo de Francisco y Francisca, se casó el 19 de noviembre de 1718 con Martina Ballarín Saún. Dos de sus hijos fueron: 
1°).- Pedro Ludovico de Mur Ballarín, nacido en Espluga el 17 de agosto de 1719 (fueron sus padrinos Pedro Antonio Ballarín e Isabel Tolo) y casado en Benasque con Francisca Sesé Prior, el 28 de marzo de 1740. De esta unión nació: 
   1.1.- Francisco Joaquín de Mur Sesé, el 15 de diciembre de 1742 (sus padrinos fueron Mateo de Mur y Ursula de Mur, habitantes de Foradada). Se casó Francisco Joaquín con María Ribera de Mur, en el Run, el 20 de noviembre de 1769. Y tres de sus hijos fueron: 
     1.1a: Antonio de Mur Ribera, bautizado en la iglesia de Santa Leocadia el 9 de diciembre de 1772. Se casó en la iglesia de Santa Eulalia de Fiscal con Rosa Fondevila Francés y tuvieron, entre otros hijos, a Ramón (que contrajo matrimonio en Chía, el 6 de julio de 1818 con Teresa Mallo Gairín) y a Tomasa de Mur Fondevila (bautizada en Espluga el 9 de diciembre de 1804, que se casó con José Solana Gasquet el 25 de mayo de 1831).   
     1.1b.- Cipriana Cornelia de Mur Ribera, nacida el 16 de septiembre de 1774 (fueron sus padrinos Tomás de Mur y Francisca Aventín) se casó el 18 de mayo de 1801 con Joaquín Pallaruelo Mur, que era de Barbaruens.      
    1.1c.- Francisco de Mur Ribera se casó en Campo con Josefa Canales Rubiella (viuda de Francisco Ariño) que era la heredera de ‘casa Rubiella’.   
***   
Tenemos otra secuencia del apellido Mur en Campo, pero no tenemos dato suficientes para unirla a las anteriores. Se trata de: 
Juan Mur Solana, hijo de Juan y Raymunda, casado en Campo el 4 de julio de 1836 con Joaquina Ferraz Castillón (hija de José y de Bárbara). Fueron los padres de: 
1°) Juan Mur Ferraz, nacido el 13-7-1840 y casado en Campo el 1-2-1868 con Asunción Peiret Mur (hija de José y María). Ellos fueron los padres de: 
  1.1: Juan Mur Peiret, nacido el 3-8-1870 y casado con Apolonia Barrabés, padres de María de la Concepción Mur Barrabés, que obtuvo una Dispensa en 1919 para casarse con José Mur Galindo. 
2°) Joaquín Mur Ferraz, nacido el 30-12-1857, casado en Campo el 12-6-1883 con Josefa Galindo Costa, y padres de José Mur Galindo, que en 1919 obtuvo una Dispensa para casarse, como hemos visto en el párrafo anterior, con su prima María de la Concepción Mur Barrabés.   
***       
En el Censo Electoral de 1900 en Campo había los siguientes electores con el apellido Mur:   
Antonio Mur Ariño de 47 años, vivía en Belbeder, n° 6 y era labrador. 
Pedro Mur Ariño, de 38 años, vivía en la c/ Prior, n° 31, labrador 
José Mur Cereza, de 36 años, vivía c/ Nueva, n° 14, jornalero 
Joaquín Mur Ferraz de 42 años, c/ Prior, n° 5, labrador 
Juan Mur Ferraz, de 56 años, c/ Nueva, n° 5, labrador 
Antonio Mur Gasquet, 40 años, Belbeder, n° 7, labrador 
José Mur Guillén, 68 años, c/ Nueva, n° 8, jornalero 
Antonio Mur Peiret, 66 años, Plaza Mayor, n° 4, labrador 
Juan Mur Peiret, 29 años, c/ Nueva, n° 4, labrador 
Francisco Mur Solana, 59 años, c/ Nueva, n° 8, jornalero 
Francisco Mur Subías, 41 años, c/ Nueva, n° 9, cucharero 



jueves, 6 de marzo de 2014

El mes de mayo de 1807



Conociendo a nuestros antepasados



Transcripción de algunos fragmentos del contrato matrimonial entre Joaquín Mur y María Costa: 
Capitulaciones matrimoniales
"En la villa de Campo, a diez y siete días del mes de mayo de mil ochocientos siete años, que ante nos, el Notario y testigos infraescriptos, perescieron personalmente Joaquin Mur, carpintero y vecino de dicha villa de una parte, y de la otra Sebastián Costa, labrador y vecino del lugar de Navarri, y María Costa su hermana, mujer del dicho Joaquín Mur, los cuales dijeron:
Goya, "Condesa del Carpio, marquesa de la Solana"
Que acerca del matrimonio tratado convenido y ante la Santa Madre Iglesia solemnizado entre  el dicho Joaquín Mur y la dicha Maria Costa daban y otorgaban,  y en efecto otorgaron la capitulación matrimonial presente, con los pactos siguientes:
Primeramente dicho Joaquín Mur trae a su matrimonio su persona y bienes muebles y sitios  en general y especialmente trae los instrumentos de su oficio.
De su parte, la contrayente Maria Costa trae a su matrimonio su persona y bienes muebles y sitios habidos  de su "grado" y especialmente trae y el dicho Sebastián Costa su hermano le da y manda, y donación propter nupcias le hace, de la cantidad de cincuenta libras jaquesa en esta forma: veinte libras en dinero que contrajo en su matrimonio y las restantes a tres libras jaquesas cada año prosiguiente en dinero o efectos.
Y más, trae la dicha contrayente y su hermano le da la razón de la ropa siguiente: Dos sábanas, una de cáñamo y otra de botiga, dos almohadas, un enjugamanos, una servilleta. Y más,o trae la dicha contrayente la ropa de su uso ganada con su industria y  es la siguiente: tres basquiñas de botiga y tres de paño de la casa, de diferentes colores, cuatro jubones, los dos de casa y los dos de botiga, mantilla de cotón, cuatro camisas de cáñamo...".
"Item es pacto que un hijo de este matrimonio siendo apto para el manejo de la casa haya de ser heredero de los bienes del contrayente. el que eligieren ambos o sobreviviente. Y ante su posible muerte, dos personas de las más cercanas de cada uno...".
Fueron testigos Francisco Costa y Pablo Salinas, labradores y vecinos de la villa de Campo.




(Foto de flores de la montaña, de Jose Murciano)


martes, 14 de mayo de 2013

Oficio: Campanero




Un lenguaje muy expresivo




Portada del libro de Paquita Ballarín, con la fotografía del Sr. Antonio Mur


Durante muchos años el señor Antonio Mur compaginó su oficio de aguacil del Ayuntamiento de Campo con su actividad como campanero. El fue un gran experto en el toque de campanas y conocía a la perfección el lenguaje de las mismas. Lo conocía él, que lo tenía que transmitir, y lo conocían también los vecinos del pueblo, que eran los que lo tenían que interpretar.
Las campanas de la iglesia mayor, porque también estaban las de las ermitas, se tocaban para llamar a los fieles a asistir a los actos religiosos, pero también se hacían sonar en otras ocasiones que afectaban a la sociedad civil. Así, lo mismo que se habían utilizado para convocar consejos generales y asambleas del pueblo, se hacían sonar para avisar que había fuego en alguna casa, que venía una tormenta fuerte o alguna otra emergencia. Sus toques marcaban el ritmo de la vida en el pueblo, desde la misa a primera hora de la mañana, hasta el toque del Angelus o el rosario de la tarde.
Y el sonido de las campanas podía ser tristísimo, como cuando tocaban a difuntos, o de una alegría contagiosa, como cuando se repicaba o se lanzaba un volteo de campanas para la fiesta mayor, el domingo de Resurrección u otro acontecimiento especial. Todo el mundo sabía cuál era el mensaje. Recuerdo que cuando se oía tocar a difuntos las mujeres que escuchaban el tañido lastimero se hacían la señal de la Cruz, mientras trataban de confirmar entre sus vecinas si se trataba de la muerte de la persona que ellas imaginaban. 
Nos contó Antonio Castel que durante toda la noche del día de Todos los Santos, es decir, la noche del 1 al 2 de noviembre, el señor Antonio tocaba las campanas cada hora. Pasaba las veinticuatro horas pendiente de esos toques ¡e imaginamos que los vecinos también!



Joaquín Mur Puyalto subiendo las escaleras del campanario [foto de Ángel Huguet].

Cuando murió el señor Antonio le sucedió como campanero Joaquín Mur Puyalto, que era también el responsable del cuidado del reloj de la iglesia. Parece que fue ayer, pero ya han pasado cincuenta y cuatro años desde entonces, y Joaquín no ha fallado nunca en sus obligaciones. Es por eso, que cuando se jubiló recibió el reconocimiento de todo el pueblo. El 15 de Agosto, durante la Misa Mayor, el alcalde Eusebio Echart le ofreció una placa conmemorativa. Testigos de este homenaje fueron todos los vecinos congregados en la iglesia, así como el Sr. Obispo de Barbastro, que había oficiado la misa, y las autoridades civiles invitadas al acto.



Joaquín Mur Puyalto y su esposa Guadalupe recibiendo una placa de manos del alcalde de Campo [foto de Ángel Huguet].

En unas entrevistas que Angel Huguet le hizo a Joaquín Mur Puyalto, para el “Diario del Alto Aragón” y para “El Cruzado Aragonés”, éste explicaba que en la torre de la iglesia Campo había habido hasta cuatro campanas; “la grande de Santa Bárbara y tres más. En la Guerra Civil las tiraron, pero por lo menos se ha recuperado una de ellas”.
Ahora, Joaquín se ha jubilado  y no tiene sustituto. Se ha electrificado el sistema y las campanas suenan pulsando un botón desde la sacristía. Ya nadie tiene que subir los viejos escalones de piedra que llevaban hasta arriba de la torre del campanario, ni siquiera tocarlas desde abajo. Las campanas ya no responden a la fuerza contenida de sus manos sino a la orden de un botón. El progreso facilita las tareas del hombre, pero muchas veces es a costa del olvido de muchos conocimientos, de mucha experiencia, de una manera de vivir. Con Joaquín Mur Puyalto se ha perdido otro oficio en Campo. Él, como experto, dice que el tañido que escuchó para la Fiesta, con el nuevo sistema, no le gustó demasiado, pero dentro de poco ya nadie recordará el otro ¡que pena!
Gracias, Joaquín, por la música que nos has regalado todos estos años.

(Este comentario lo publicamos en nuestra "ex" web de Campo hace un tiempo. Ahora queremos traerlo a este blog para recordar al Sr. Joaquín, que murió el día 9 de este mes de Mayo, a la edad de 89 años).
        


Joaquín Mur delante de la iglesia


(Fotos del sr. Joaquín Mur gentileza de Angel Huguet Ascaso)


miércoles, 5 de octubre de 2011

Oficio: Alpargateros y zapateros






Dime qué calzas,

y te diré quién eres





Antiguamente, el calzado que más utilizaban los vecinos de Campo eran las abarcas o albarcas, que estaban hechas con piel de cordero, aunque después también se hicieron con goma de los neumáticos de coche. Y a finales del siglo XIX, principios del XX, nos cuenta Antonio Castel Ballarín, en su recopilación de los oficios de Campo, que los vecinos más pudientes comenzaron a usar los zapatos de corte bajo y en invierno utilizaban borceguíes, sobre todo si había nieve. Pero, lo habitual era que los domingos y días festivos tanto los hombres como las mujeres usaran alpargatas.
Había varias clases de alpargatas, aunque fundamentalmente eran de dos tipos: las llamadas "normales", con una simple cuerda y otras más complejas que se llevaban con el traje baturro y tenían una serie de cuerdas de algodón de color negro, que se encaramaban por la pierna para que quedaran bien atadas y se llamaban "alpargatas a lo miñón" o "miñoneras". Además de estas denominaciones, encontramos también las de "alpargatas abiertas y "cerradas" y "blancas y negras".
En los comercios de Campo a principios del siglo XX las alpargatas eran uno de los artículos más vendidos. Disponemos de información sobre algunos precios:
En el año 1885 un par de abarcas costaba 4 reales; en 1894 unas alpargatas forradas de invierno valían 2,20; en 1901 unas alpargatas catalanas finas costaron 2,20 pesetas; en el año 1909 un par de alpargatas de mujer costaban 1 peseta.
Posteriormente se fabricaron alpargatas en casa de Perico de Aventín. Allí, trabajaban la suela de cáñamo con las cuerdas que habían preparado y trenzado en casa de Boyón, y la familia de Perico Aventín hacía todo el proceso restante, cosiendo a la suela la tela recia con hilo fino, también de cáñamo.
Más tarde, trabajó otro alpargatero en Campo, que fue el señor Joaquín Porté. Tenía una alpargatería en la calle de San Antonio y llevaba a cabo el mismo trabajo que se hacía en casa de Perico Aventín.
Curiosamente, no hemos encontrado en ningún censo de finales del siglo XIX ni principos del XX (concretamente hasta el censo de 1930) ninguna persona que se dedicara "oficialmente" a la actividad de alpargatero, y mucho menos zapatero. No obstante, en algún documento notarial antiguo hemos visto que se atribuye este oficio a vecinos de Campo. Concretamente, podemos recordar una escritura de compraventa del 14 de febrero de 1696, en la que Martín Rubiella compraba un prado y firmaba como testigo Francisco Trajat alpargatero, vecino de Campo.
Al popularizarse el uso del zapato, varios artesanos de Campo se dedicaron a su fabricación. El primero de ellos José María Blanch, que tuvo su taller en el Cantón. Probablemente por su vinculación con los Blanch de Tortellá (la Garrotxa) y con Manuel Rabert Falgarona (zapatero, que construyó en Tortella la Blanquería, una fábrica de ablandar cuero destinado a la fabricación de calzado), el primer calzado que hizo fueron las chirucas, con suela de goma y el corte de badana marrón con tiras de piel. Las hacían a medida y las cosían con hilo de cáñamo que untaban con pez, para que fueran resistentes. Para las mujeres se hacían sandalias y abarcas.
También fabricaban borceguíes, con clavos que le preparaba el herrero Antonio Sanz Pallaruelo y que eran de tres clases diferentes, según dónde tuvieran que ir colocados. El Sr. Alfredo Santorromán cuando tenía 15 años entró como aprendiz con él y aprendió el oficio. Después de la Guerra del 36 se estableció por su cuenta.
Otro zapatero que trabajó mucho en Campo fue el Sr. José Guillén Peiret. Tenían una zapatería familiar y al fallecer su padre siendo él muy niño (tenía 12 años), tuvo que aprender el oficio de forma autodidacta, a fuerza de practicar. Tuvo la suerte de que después de la Guerra vino a Campo un soldado de Madrid que era zapatero y se ofreció a echarle una mano en su tiempo libre, así José pudo aprender muchas cosas del oficio. Cuando se marchó el soldado, contrataron a un zapatero de Villanova. Después siguió cursos por correspondencia, para aprender la técnica y el dibujo y empezó a abastacer la demanda no sólo del mercado de Campo sino también de los pueblos vecinos. Tuvo a muchos aprendices en su casa, donde estaban a pensión completa mientras aprendían el oficio.

En el Censo Electoral de 1930 se menciona a:
Antonio Ferraz Sacín, de 42 años, viviendo en la Plaza, nº 14, profesión Alpargatero; Antonio Mur Clavería, 40 años, domicilio c/ Iglesia, nº 17, Zapatero; José Guillén Palacín, 25 años, c/ San Antonio, nº 10, Zapatero.

(Fuentes: Información de Antonio Castell Ballarín y Censos Electorales siglos XIX y XX (hasta 1930). Fotos gentileza de: "Albarcas" del blog "Nabatiando"; "Alpargatas" del blog "Ay, Carmela! recreación histórica" y fotos del Sr. Alfredo Santorromán trabajando, de Antonio Castel).


viernes, 1 de octubre de 2010

Las recetas de Maruja



Probadas

y ¡aprobadas!





Maruja Mur es conocida en Campo como Maruja Boyón, pues fue primero la joven y luego la dueña de esa casa de Campo. Ella ha publicado un libro de cocina, tipo bloc, con el título "Las recetas de Maruja, cocina sana y tradicional".

Y... ¿cúales son esas recetas? pues las que ella ha venido ofreciendo durante muchos años en el que fue su restaurante. Como bien se explica en la presentación del libro, se trata de una comida casera y con productos de la huerta.

Y para abrir el apetito y como muestra de lo que podemos encontrar entre esas recetas, os proponemos un buen menú: "Arroz con costilla de cerdo y setas","Codornices con cebolla" y de postre "Peras al vino rellenas de crema". Aunque también tiene que estar buena una "Ajoarriero al estilo de Campo" y después una "Paletilla de cordero rellena con guarnición de setas (muixardinas)"... etc. etc.

El libro ofrece también un capítulo dedicado a las "Conservas", en el que nos explica como aliñar aceitunas, hacer carne de membrillo, conserva de tomate, mermelada de mora y muchas otras cosas buenas.

Una buena iniciava la de haber dejado nuestra gastronomía local por escrito.

(Casa Boyón, de Campo)
Fotos de M. J. Fuster y Jose Murciano