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sábado, 28 de marzo de 2026

Escuchar no engorda



Madame Venturini y el marido

 

¡Qué cosas más raras me pasan! En casa me dicen que yo me las busco, porque me lío mucho con la gente, pero, no sé, yo creo que no siempre es culpa mía…

Hoy es 14 de enero, tenemos 6º de temperatura, el sol hace intentos de abrirse paso en un cielo bastante plomizo, son las 12 de la mañana y estoy en Bruselas. Hasta aquí nada extraño.

Y, sin embargo… Hace apenas quince minutos estaba en el piso de una mujer, a la que no he podido frenar hasta que ya me había contado media parte de su vida. Si se piensa que hace apenas tres meses que la conozco; que es mi dietista; que llegué a la consulta que ella atendía, en un elegante centro médico de la capital, recomendada por una amiga y que cuando la conocí no se me pasó por la cabeza intercambiar con ella mas que listas de calorías, pues hay que reconocer que el tema se me ha ido un poco de las manos.

Este caso de la dietista, tampoco es que merezca demasiada atención por sí mismo, es uno más que me viene a confirmar lo desesperadamente solos que estamos los humanos en general, y muchas mujeres de mi edad en particular. Es curioso, de todos modos, o al menos a mi me ha sorprendido mucho, el que una mujer como Madame Venturini, que se ve tan de “rompe y rasga”, esté tan traumatizada por el asunto del marido.

Mi primera visita con Madame Lecoq, que así se llamaba por entonces mi controladora de peso oficial, fue normal (¡Cielos! ¡Cuando pienso que hoy era sólo la tercera vez que nos veíamos!). Me pesó; me preguntó lo que engullía; me dijo lo que tenía que comer, etc. y me dio hora para otro día, advirtiéndome que, a partir de finales de diciembre, dejaría de trabajar en ese centro y recibiría las consultas en su casa. De acuerdo, le dije.

Volví a verla a mitad de diciembre y, después de la consulta, me explicó cuál era el mejor camino para llegar a su domicilio, la próxima vez que me visitara, puesto que vivía en un centro residencial, un poco apartado. Vamos, en la periferia. Hoy he ido a su domicilio y me ha tenido en la consulta 45 minutos, hablando de todo lo habido y por haber, sin ninguna prisa porque no había ningún paciente detrás de mi… Y después, me ha preguntado si quería ver la vista que se veía desde su salón, y me ha ofrecido un café que he rechazado tres o cuatro veces pero, al final, tanto y tanto ha insistido que he tenido que aceptar.

Ella necesitaba invitarme al café para tenerme sentada e inmovilizada allí, mientras me contaba todo lo que tenía almacenado, no sé si en su cabeza o en su corazón. La cosa ha empezado inocentemente:

- Verá que en la tarjeta que le he dado no aparece el apellido Lecoq, que es con el que Vd. me conoce. Ahora encontrará Venturini - me ha dicho.

- Un apellido muy alegre - le he dicho, por decir algo.

- Sí, ya sabe, proviene de ventura, que en italiano significa fortuna, suerte… Mi familia es de origen italiano. Si, un apellido bonito (agregó melancólica). No se puede decir lo mismo del apellido de mi marido, bueno, exmarido, “Lecoq”… (añadió con tono despectivo) y que tuve que utilizar yo, mientras estuve casada con él.                                           

- No crea (me atreví a añadir) ¡los hay peores! Al fin y al cabo “el gallo” no suena mal, peor lo tienen los que se llaman “Borrego”, “Verdugo”, etc. Esos sí que son apellidos difíciles de llevar, y, de hecho, es una razón para poder cambiarse el apellido.

- Llevar el apellido Lecoq para una dietista no es lo ideal - volvió a lamentarse ella - pero, efectivamente, podría haber sido peor…

Ya que el tema de los apellidos languidecía, quise aprovechar para decirle que me encantaba su estupendo salón, y la vista que se disfrutaba desde sus ventanales. Pero la Venturini no mordió el anzuelo y volvió a lo suyo. Cuando le dije:

- Tiene una ubicación increíble esta casa, y debe ser una maravilla poder contemplar desde su sillón todo ese bosque,  y ver cómo lo cambia y lo transforma la primavera, el otoño, la lluvia…

Pero ella fue directamente a lo que le preocupaba:

- No crea, cuando una tiene problemas no tiene ganas ni de mirar por la ventana. Con lo que me ha pasado con mi marido, a mi ya no me interesa el mundo exterior.

La cosa se ponía delicada y yo ya no podía continuar haciéndome la despistada y emitir en otra onda, tenía que preguntar algo sobre su exmarido, porque es de lo que ella quería hablar. Opté por la indirecta:

- ¿Le ha ocurrido alguna desgracia a su marido?

- No, para nada. A él no le ha ocurrido ninguna desgracia, está feliz. La desgracia me ha llegado a mi - me miró con atención, para calibrar si podía abordar ya el asunto y continuó- hace unos meses que me ha dejado y se ha ido a vivir con una mujer veinte años más joven que él.

- Eso está de moda - le dije intentando desdramatizar.

- Sí, está de moda. Pero no es un asunto que se pueda tomar con frivolidad. Detrás de una decisión así, hay muchos dramas personales, muchos problemas familiares. Una decisión así, insistió, tiene muchas consecuencias - concluyó la Venturini.

- Sí, tiene razón - asentí - Pero, ¿qué se puede hacer? Muchas parejas viven esta experiencia. Llega un día en el que el marido, o la mujer, más bien el marido si son de nuestra generación, decide que tiene que vivir la vida y que no quiere continuar mirando el mundo desde su casa. Quieren aprovechar el tiempo “útil” que les queda para hacer cosas que no han hecho nunca. Necesita engañarse a sí mismo con el presente, para no pensar en el futuro. Pero, claro, no se dan cuenta del daño que hacen… o no les importa.

- A mi, me ha destrozado este final - admitió la dietista - no lo puedo aceptar,  no lo puedo asumir. Toda la vida trabajando, pensando en estos años en que podríamos disfrutar juntos de una situación económica buena, de unos hijos que se han situado bien… No lo entiendo. Ahora todo se ha ido al agua.

- No diga eso - intenté argumentar - A los hijos aún los tiene, ese cariño nadie se lo arrebatará. Y si puede permitirse una vida confortable, eso también es importante. Hay que procurar disfrutar de lo que tenemos.

- Los hijos… (añadió la Venturini) Sí que me querrán siempre… Seguro que me encontrarán a faltar el día que me muera. Ellos saben todo lo que he hecho por ellos, no pueden ser tan desagradecidos que ignoren que les he dedicado mi vida. Pero ellos no quieren problemas. Seguramente hacen bien. Yo pensaba que reaccionarían contra su padre, que le harían ver la locura que ha hecho, pero no. Al principio estaban muy indignados, pero ahora ya han conocido a la chica, la encuentran muy amable. Van a su casa a visitarlos de tanto en tanto, y me dicen que tengo que ser razonable y aceptar los hechos.

- Quizás sea esa la actitud más inteligente –le dije- la que Vd. debe adoptar. Creo que es un proverbio chino, el que dice que las personas tenemos que aprender a ser como el bambú, a ser flexibles y saber doblarnos cuando es necesario. El bambú cuando azota el viento no se resiste, se dobla todo lo que hace falta y eso le permite aguantar   hasta la embestida de los huracanes. Otros troncos que se mantienen erguidos, que oponen resistencia, acaban rotos por cualquier ráfaga de viento… Bueno, algo así era el mensaje.

- No se trata de doblarse o no doblarse - replicó meditando sus palabras. 

- No soy orgullosa, sé ceder - continuó. -  Pero ¿cómo puede mirarme a los ojos un sujeto semejante ¿Cómo se puede hablar con una persona que miente? Nos conocimos en el colegio, cuando éramos unos niños. Desde entonces hemos estado siempre juntos. Yo saqué mi carrera y he trabajado mucho. Me he hecho una buena clientela, un nombre. A él le costó más encontrar su camino: siempre ha sido un poco bohemio. Trabajaba por su cuenta, comerciaba con anticuarios: porque lo suyo, decía, era el mundo del arte. Pero la familia la tenía que sacar adelante yo. Hemos tenido tres hijos, todos tienen su carrera, les va bien en la vida.

- Ya sabe Vd. que hace apenas un mes que me he jubilado. - Continuó la Venturini. -Estábamos preparados para este momento, lo esperábamos llenos de proyectos. Compramos este apartamento que nos gustó mucho, con este bosque al lado, para pasear. Nos arreglamos una casita en las Ardenas, cerca del pueblo de donde era originaria su familia. La casa se la ha quedado él, yo no quiero volver allí. Ahora me encuentro sola en este piso, cerca del bosque, sí, pero… ¿Qué tengo qué hacer?¿Pasearme sola todo el día?

Y la mujer, cada vez más alborotada, continuaba:

- ¿Como ha podido pasar todo tan rápido? Dice él que esa relación empezó este mismo año. Quizás es así, pero igual es mentira. Sólo sé que los últimos meses me dejaba hablar de mi jubilación, y de los viajes que haríamos los dos, de la familia que visitaríamos, etc. pero él no intervenía para nada. El permanecía callado, porque ya sabía que no estaría conmigo, que eran mis planes, pero no los suyos. Hasta el día que me dejó una carta sobre el teclado del ordenador, y desde entonces, ya no he vuelto a verlo. Hace ya tres meses. Han pasado las Navidades, pero ni una palabra de su boca. Sólo se lo que mis hijos me cuentan, y me cuentan lo que quieren. 

Y después de unos minutos de silencio, Madame Venturini retomó el discurso:

- Lo único que me importa, es saber si esto es para siempre, o si será sólo una aventura que acabará al cabo de unos meses. Yo estoy sola,  sin trabajo, sin marido… ¿Qué se supone que tengo que hacer? Estoy muy perdida, no es esto lo que había imaginado en esta etapa de la vida. Es un vacío completo. ¿Cómo voy a rehacer mi vida a estas alturas?

Procuré lanzarle algún mensaje positivo:

- Madame Venturini, es verdad que ahora está Vd. sola. Todos estamos solos, aunque a veces tengamos al marido o a la mujer al lado.  En realidad, Vd. ya se dio cuenta de que estaba sola antes de que él se fuera con ella. Lo tenía a su lado, pero él no estaba con Vd. Así las cosas, es mejor afrontar las situaciones que se van presentando tal y como vienen, sin querer ignorarlas ni disfrazarlas. Gracias a su trabajo, Vd. no necesita pedirle nada a nadie, no se ve obligada a pedir pensión alimenticia miserable y no tiene que justificar ninguna decisión ni ante sus hijos ni ante nadie, porque es dueña de su vida.

Procuré rematar el discurso, porque yo misma me daba cuenta que estaba soltando muchas obviedades:

- Que el marido se ha marchado con otra, pues sí, es decepcionante, pero es lo que hay, no hay que darle vueltas al asunto. Procure vivir feliz, no con la preocupación de tener que encontrar nuevos amigos o amigas, que los encontrará sin proponérselo, haciendo las  actividades que le gustan más…

La dietista me miraba atentamente, y yo pensaba que me estaba reprochando para sus adentros, que le dijera cosas tan sabidas y repetidas, pero, de repente, me dijo:

- Gracias por haberme escuchado. Gracias por haber aceptado quedarse un rato conmigo, esta mañana estaba muy desesperada. Me ha hecho mucho bien hablar con Vd.

- Soy yo la que tengo que darle las gracias por la confianza que me ha demostrado -le comenté. - Ahora tengo que marcharme corriendo, porque tengo una reunión a las 12. Procuraré ser buenísima y comer solo sopa durante los próximos quince días, a ver si adelgazó muchísimo y le doy a Vd. una alegría, cuando vuelva para la próxima visita.   

- Ya me la ha dado ahora. ¡Gracias!

Me dio un abrazo y yo ¡feliz! Se puede ayudar a los demás solo escuchando... y es de las pocas cosas que  no engordan.

miércoles, 10 de enero de 2024

Los mismos Reyes Magos

pero, otros tiempos



He estado en Campo este pasado 5 de enero,  y he podido disfrutar de la llegada de los Reyes Magos al pueblo y del reparto de regalos a los niños y, también, a algún afortunado "mayor". Y, se podía palpar la ilusión que sentían todos. Esto me ha hecho pensar que hay cosas que no cambian. También me han venido a la cabeza recuerdos de mis Reyes, tiempo ha.... De eso la culpable ha sido Alicia, la muñeca que recibí de regalo cuando tenía unos diez años, y que ha sobrevivido sonriente y lozana a través del tiempo. Bueno, tiene un pie medio deshecho, pero es lo mínimo que le puede pasar con sus 66 años de existencia. No se de qué marca es, pero yo la bauticé con ese nombre.

No  puedo pensar en mi infancia sin pensar en mis tres hermanos, más jóvenes que yo y en lo intensamente que vivíamos la vida. Recuerdo que un año nos obsesionamos con la dificultad que se iban a encontrar los Reyes Magos, para dejar los regalos en el balcón de la galería del segundo piso en la casa del abuelo. Porque, por muy reyes magos que fueran, no nos los imaginábamos subiendo por la fachada hasta allí arriba, al fin y al cabo Melchor ya llevaba unas barbas muy blancas, lo que indicaba que debía ser de cierta edad, y Gaspar y Baltasar tendrán más o menos los mismos años. Al final, consultamos con las altas esferas (mis padres) que se rieron mucho, y nos tranquilizaron diciéndonos que los reyes no eran los que subían, sino los pajes, que son muy ágiles y saben trepar por todas partes. Menos mal. 

Recuerdo también, que yo tuve el privilegio de oír las mismísimas campanillas de los Reyes Magos una noche de Reyes, porque me encontré enferma y acudí a la cama de mis padres. Me metí allí dentro con ellos, porque hacía mucho frío, y enseguida empecé a oír un sonido como de cascabeles. Papá me dijo que era la comitiva de los Reyes, que me durmiera enseguida porque si no pasarían de largo. Me dormí y a la mañana siguiente encontramos todo lo que nos habían dejado en el balcón. Gracias a esta experiencia vivida, el haber podido oír personalmente su paso por mi calle, pude resistir firmemente durante algunos años más,  las insinuaciones, cachondeo y bromas de todo tipo que se hacían en casa a costa de mi candidez. Y es que tardé algún tiempo en saber que el Rosario de la Aurora también recorría el pueblo tocando campanillas la noche de Reyes...

Y para no alargarme demasiado, solo quiero mencionar una cosa más, que hace referencia a la relación que se me impuso con Alicia: ¡se me prohibió jugar con ella para no romperla!... Así como suena. No es de extrañar que se conserve tan bien, ella estaba en una estantería y yo solo la miraba. Y es que eran los mismos Reyes Magos que ahora, pero otros tiempos.

viernes, 5 de mayo de 2023

Lo que ayer era bueno...

 

... hoy ya no lo es. Y al revés.


Alguna vez hemos comentado, la prevención que mostraban nuestros antepasados hacia la fruta. Bien fuera porque consumían sólo la que se producía localmente y no se dejaba madurar en el árbol por temor a que se la comieran los pájaros o los vecinos, o bien fuera  por otras causas que desconocemos, la fruta fresca brillaba por su ausencia en nuestras mesas. 

Hoy no me resisto a transcribir el artículo aparecido el 25 de octubre de 1918 en "El Diario de Huesca", que trata de este tema:

"LAS FRUTAS. De un estudio hecho por un insigne profesor francés acerca de la composición y valor nutritivo de las frutas más comunes, se deducen las siguientes conclusiones que conceptuamos de gran interés.

La uva es alimento sano, agradable y bastante nutritivo, su importancia se ha exagerado hasta el punto de llamarla leche vegetal.

En algunos países (Alemania y Estados Unidos) es de moda la cura de uvas, habiéndose fundado establecimientos dedicados exclusivamente a esta clase de curas.

Las enfermedades que suelen sacar más provecho de este tratamiento son las dispepsias, la anemia, la neurosis y la tisis.

La uva negra es más tóxica que la uva blanca: esta puede contener ciertos aromas, como se puede constatar en el moscatel, es irritante para el estómago y los intestinos. Lo que hace preciosa a la uva es un elevado contenido de azúcar mejor conocido con el nombre de glucosa, que da fuerza y agilidad a los músculos, preferentemente respiratorios y así resulta de gran valor en los tísicos y enfermos del pecho.

Tiene también la propiedad de producir grasa, y está indicada para las personas que quieren engordar.

Otra fruta muy recomendable es la manzana, que tiene reputación de ser muy rica en fosfatos y por esto está recomendada a todas las personas que trabajan mucho de inteligencia y hacen muy escaso ejercicio.

Es la fruta más sana, higiénica y nutritiva de cuantas se conocen.

Compuesta de fibra vegetal, albúmina, azúcar, goma, clorofila, ácidos sálico y málico,  cal, agua y fosfatos, constituye un alimento de gran importancia, digerible en ochenta y cinco minutos y grato al paladar.

En la antigüedad era considerado como el mejor manjar predilecto para rejuvenecer y reconstituir el organismo.

Con el zumo de esta fruta y agua se hace un licor medicinal en algún caso contraindicado.

Conviene mucho este manjar a las personas sedentarias, porque limpia el hígado y da visibilidad al sistema nervioso.

La costumbre inglesa de comer carne de cerdo con salsa de manzana, tiene una explicación muy lógica: aquella es de difícil digestión, y ésta favorece el hacerla.

Ordinariamente las frutas constituyen un plato sabroso en nuestra comida, sin embargo, ciertas frutas demasiado ácidas pueden ser dañinas a la digestión, porque alteran las proporciones de ácido del jugo gástrico.

Las naranjas pertenecen a las frutas más ricas en ácido y por consiguiente deben comerse con ciertas precauciones. Ya la experiencia popular enseña los daños de la  naranja con aquél refrán: "La naranja por la mañana es oro, al mediodía plata y por la noche mata". 

Hemeroteca "Diario del AltoAragón"


sábado, 14 de enero de 2023

Para ir calentitos

 

Un buen jersey de lana


Y eso es lo que decidió hacer una vecina de Campo  antes de que llegara el invierno, un buen jersey de lana, para su marido o su hijo (presumiblemente). Para poder hacerlo, lo primer que necesitaba era lana, evidentemente, pero en el pueblo, aunque había bastante comercio, con varias tiendas de tejidos y mercería, no siempre se encontraba lo que se andaba buscando. Menos mal, que eso no era un gran inconveniente, pues el comerciante solía encargar al proveedor el artículo que el cliente deseaba y en pocos días ya lo tenía en su establecimiento para poder atender la petición. 

Vemos, por ejemplo, la carta que el Sr Julio Benedet, que tenía su comercio en la Plaza, escribió a  Zaragoza para solicitar que le enviaran una lana que le había pedido una clienta. Hay que reconocer que se tomaba con interés el encargo que le habían hecho...

"Campo, 17 de noviembre de 1962

Muy Sra. mía:

Le agradeceré me envíe seguidamente por Casasnovas, lana negra la más gruesa y mejor que tenga, para un  jersey de caballero con manga y cuello. Como no se con seguridad la que se necesitará, espero ponga la que Vd. crea necesaria; se trata de  un señor bastante alto pero no grueso, en decir, cuente es preferible que sobre una madeja u ovillo a que falte lo más mínimo.

Como es para alta montaña, espero ponga lo que mejor vaya.

Atentamente le saluda".  

Todas las preocupaciones son pocas para que no le pase a nadie lo que me ha pasado a mi este invierno, que me quedé sin lana y  no podía terminar el jersey para mi nieto, así es  que tuve que improvisar unas rayas de otro color para poder acabarlo.