¡Se acabó el turrón!
La nieve de ayer noche y el sol de esta mañana.
Un mirador del Altoaragón
¡Se acabó el turrón!
La nieve de ayer noche y el sol de esta mañana.
Un buen jersey de lana
Vemos, por ejemplo, la carta que el Sr Julio Benedet, que tenía su comercio en la Plaza, escribió a Zaragoza para solicitar que le enviaran una lana que le había pedido una clienta. Hay que reconocer que se tomaba con interés el encargo que le habían hecho...
"Campo, 17 de noviembre de 1962
Muy Sra. mía:
Le agradeceré me envíe seguidamente por Casasnovas, lana negra la más gruesa y mejor que tenga, para un jersey de caballero con manga y cuello. Como no se con seguridad la que se necesitará, espero ponga la que Vd. crea necesaria; se trata de un señor bastante alto pero no grueso, en decir, cuente es preferible que sobre una madeja u ovillo a que falte lo más mínimo.
Como es para alta montaña, espero ponga lo que mejor vaya.
La hoguera
Ardiendo, calentando, iluminando, chisporroteando, asando, alegrando, durmiendo, reposando... En silencio.
Nochevieja
Hace años, a mis hermanos y a mi nos dijo Lola que cogiéramos tres papelitos cada uno, y que en cada uno de ellos escribiéramos una de estas palabras: REGULAR, BUENO O MALO. Cuando nos despertáramos al día siguiente, que ya sería el 1 de enero del nuevo año, con los ojos todavía cerrados teníamos que buscar uno de esos papeles y entonces, según el que cogiéramos, sabríamos cómo nos iría el año, regular, bien o mal.
Uno de mis hermanos, dijo que eso era una tontería y que él iba a escribir BUENO en los tres papelitos... y se ahorraba sorpresas desagradables. Yo le dije que eso no valía, que era trampa. Después de un rato de reflexión, mi hermano dijo que escribiría las tres opciones, pero pondría las dos que no le gustaban muy lejos de su alcance, y el papelito con el BUENO cerca, así seguro que sería el primero que pillara...
Otro de mis hermanos llegó a una conclusión extraña: si salía el papel con el BUENO, el año sería bueno, y si salía MALO, no le haría ningún caso, porque ese juego era una tontería.
Entre escribir los papeles y disponerlos estratégicamente debajo de la almohada, se nos hicieron las tantas y mi padre apareció por la puerta para ver qué pasaba y darnos las buenas noches. Disimulamos lo mejor que pudimos, porque sabíamos que eso de la buena suerte y la desgracia no le iba a gustar nada, y nos quedamos dormidos hasta el día siguiente.
Por la mañana ya no nos acordábamos de los papeles y cuando pensamos en ellos, no sé si SERÍA VERDAD O MENTIRA, todos dijimos haber abierto el primero el papelito con el BUENO.
Y es que hay que creer en que nos van a pasar cosas buenas, para hacerlas posibles...