miércoles, 2 de marzo de 2011

Más sobre la viruela...



sentimientos humanitarios

y cumplimiento del deber


Campo, 27 de Mayo de 1881


"Desde el día 16 en que hice pública la gran consternación reinante en esta villa a causa de la enfermedad variolosa que aflige a su vecindario, el mal, por desgracia, no ha cedido en su pernicioso alcance, pues continúa causando algunas defunciones, no obstante la favorable impresión producida en los decaidos ánimos la llegada del Subdelegado de Medicina y Cirugía de este partido, a quien hemos visto con especial gusto dictar y plantear las medidas que la higiene aconseja para contener el progreso y atajar tan terrible contagio.
Gratísima impresión ha causado también en los habitantes de este pueblo la solicitud y remarcado interés conque el Excmo. Sr. Gobernador civil señor Gambel ha acudido al alivio de sus necesidades, proporcionando socorros, demandando el apoyo del Gobierno, excitando el celo de todos para subvenir a las exigencias del público conflicto, ofreciendo hasta sus servicios personales y estimulando los sentimientos humanitarios y el cumplimiento del deber, de las autoridades y vecinos de las poblaciones limítrofes más importantes, para conceder hospitalidad a las gentes de Campo y concurrir a su socorro.
Público y general es también el agradecimiento hacia el celoso e ilustrado señor regente don Ignacio Laborda encargado de esta parroquia, quien sin temor al contagio, no perdona medio para auxiliar a los enfermos, cumpliendo con la mayor resignación y paciencia las grandes y difíciles obligaciones que sobre el mismo pesan, propias del elevado ministerio que tan dignísimamente ejerce.
Distínguese igualmente por su celo y su desprendimiento el Farmaceútico de esta villa, persona muy querida de todos sus habitantes, pues que dentro y fuera de los recursos de su facultad, alivia directa y eficazmente las necesidades de los enfermos pobres.
Deber es además el hacer pública la conducta observada por el cabo de la Guardia civil del puesto de esta villa, pues siempre ha estado cerca de las autoridades para prestar el auxilio que le ha sido pedido, y nos consta, que desde que ocurrió el primer caso de viruela, sus ofrecimientos nos han tenido límites y ha puesto generosamente su persona al servicio de las autoridades y de los pacientes.
En medio de tanta abnegación y de afanes y trabajos tan meritorios, descuellan en el conflicto varioloso de Campo las figuras de dos hombres modestos, pero cuyos nombres son dignos de figurar al lado de los más célebres filántropos.
Es común -sensible es confesarlo- en las poblaciones rurales de corto vecindario sobrecogerse extremadamente cuando la viruela altera su salud, contagio que es el que sin duda más aterra a la generalidad de nuestros campesinos. Por ello, a pesar de su característica nobleza y de la generosidad de sus sentimientos, suelen faltar los auxilios personales más precisos a los atacados y no pocas veces hasta se ha hecho dificil y costosísimo el enterramiento de cadáveres.No ha acontecido, por fortuna, nada de esto en Campo, gracias, además de la intervención de los sujetos a que antes nos hemos referido, al concurso activo y benéfico en sumo grado de los hermanos Manuel y José Riu, quienes sin omitir esfuerzo, sin reparar en peligro alguno, han corrido con caritativa solicitud al auxilio de los enfermos pobres, los han atendido durante el curso de la dolencia, les han proporcionado alimentación, medicinas y ropas, les han auxiliado día y noche con afan cariño y perseverante, llegando en varias no pocas ocasiones a encargarse de la extracción de cadáveres, de cabarles su fosa y de proceder a su inhumación. Sus cuidados han librado de la muerte a más de un ser aflijido y atacado de la perniciosa dolencia en medio de la soledad y miseria más absolutas; sus trabajos tan nobles y desinteresados han servido de poderoso ejemplo, han desarrollado la confianza en las clases más desvalidas, y tal vez sin ellos el cuadro de desolación y luto hubiera sido tan aterrador que no encontrara precedente.



Verdaderos héroes de rara abnegación han sido los hermanos Riu: por lo que a mi hace me limito a publicar sus acciones para que sus nombres sean conocidos por todas las personas cristianas y humanitarias, por cuantos estima en lo que valen las campañas de la caridad y los sentimientos de amor al prójimo, de socorro al necesitado.
Un aplauso unánime obtendría de seguro el digno gobernador señor Gambel, si partiendo de los hechos someramente apuntados, acordara abrir pública información sobre ellos, a fin de recompensar a los hermanos Riu con alguna de esas distinciones destinadas a premiar y enaltecer las acciones benéficas, que pocas, del género de las mencionadas, podrán registrarse más dignas de encomio y más señaladamente ejemplares.
Desde el día 16 hasta el de la fecha han ocurrido ocho defunciones y las recientes medidas adoptadas y los nuevos auxilios recibidos, confiamos que han de ejercer pronto saludable influencia en el desdichado estado sanitario de esta localidad".

(Fuente: Hemeroteca "Diario del Altoaragón". Fotos: Angel Huguet, M. J. Fuster, "Colecciones militares", Jose Murciano)

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