martes, 15 de mayo de 2012

Trabajando duramente

de sol a sol
Contaba mi abuelo, Juan Brunet Campo, que él había trabajado en la construcción del congosto del Ventamillo y que entonces les pagaban a los obreros un real por toda la jornada de trabajo, que era de sol a sol. Ramón Auset Abad nos refiere el testimonio de otro paisano que vivió en aquella época.
Explica Ramón, que cuando él era un crío y ayudaba a su padre a hacer el pan en el horno, como tenían que esperar la última fermentación de la masa, pues para pasar el rato se iban a la era de Chandoz, donde se reunían los abuelos para "charrar" un rato mientras se calentaban un poco al sol. Allí estaban, entre otros, el Sr. Juan de Chandoz y su primo de casa Beleu y todos ellos aprovechaban cualquier ocasión para decir, mirando a los más jóvenes "estos zagals no saben lo que a siu la vida de nusotros".  El Sr. Juan contaba,  que cuando era bien pequeño salía de Campo todos los días y se iba al congosto del "Ventano" a hacer de pinche, y allí ayudaba a limpiar los "pistolos" (no sabemos a qué se refiere exactamente...). Y, después de trabajar diez horas, volvía a Campo. Para comer durante toda la jornada, lo único que tenía para llevarse a la boca era lo que llevaba en una fiambrerita, donde sólo de vez en cuando se encontraba alguna "pizqueta".
El abuelo Beleu explicaba que él iba con su padre y su hermano a trabajar a Naspún. Salían de Campo cuando aún se veían las estrellas en el cielo. Su padre llevaba una alforja con la comida y cuando llegaban al tajo donde tenían que trabajar, el padre tiraba la alforja bien lejos y hasta que no llegaban allí trabajando, no comían.  Trabajaban también de sol a sol y después, volvían a dormir a casa.

(Fuente: Información facilitada por Ramón Auset Abad. Foto: gentileza de Antonio Castel,)

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