domingo, 11 de diciembre de 2011

Toma de posesión









El obispo de Barbastro (en el siglo XVII) y sus “fieles vasallos"...

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En pleno siglo XVII, en muchos pueblos de la montaña aragonesa se celebraba todavía un rito feudal: la toma de posesión. Tras muchos años de pleitos, el Obispo de Barbastro (Huesca) había conseguido hacerse con muchos de los pueblos que habían pertenecido al monasterio de San Victorián. Y el Obispo no solamente había pasado a ejercer su jurisdicción eclesiástica sobre ellos, sino que disfrutaba de los mismos derechos y prerrogativas que había poseído el Abad de San Victorián, por lo que los feligreses del Obispo pasaban también a ser sus vasallos.

Cada vez que se nombraba a un nuevo Obispo en Barbastro, éste mandaba a un Procurador para que en nombre suyo recibiera el juramento de fidelidad de sus fieles vasallos. El Procurador iba acompañado de un notario. Básicamente, la ceremonia distinguía dos partes: en primer lugar se procedía a la toma de posesión de la iglesia del pueblo que visitaba y después, el Procurador recibía el juramento de obediencia del Concejo General de dicho pueblo (simbolizando el poder religioso y civil).
Era el mes de enero del año 1678, después de haber anunciado la visita con anterioridad, la comitiva del Procurador, notario y demás acompañantes fue recorriendo los pueblos que debían prestar juramento y, en cada uno de ellos se fue repitiendo el mismo rito. Hace un tiempo, en este blog, referimos cómo se desarrolló el acto en Campo, y hoy queremos comentar cómo transcurrió la ceremonia de toma de posesión en los pueblos vecinos.
En Senz: Eode die in loco de Senz en dichas letras nombrado y confrontado el dicho Vicente Frontons, oficial real y mero executor arriba nombrado, presente de mi dicho Francisco Cocón notario público y testigos arriba y abajo nombrados, continuando la susodicha posesión y en fuerza de los mismas letras, dio el dicho Juan Thomás Pérez, procurador sobredicho, la verdadera real, actual y corporal posesión de la iglesia parroquial de dicho lugar de Senz. Y en señal de verdadera posesión, le cogió de la mano derecha y le entró en dicha iglesia y le paseó por ella y le llevó al altar mayor y en él adrezó y aliñó los manteles, y en un libro misal que en él había, en alta e inteligible voz dixo la oración siguiente: “Concedenos famulos tuos que sumus domine...” y abrió y cerró las puertas de dicha iglesia y hizo otras cosas denotantes de la verdadera real, actual y corporal posesión de dicha Iglesia, y ésto publicamente, pacífica y quieta y sin contradición de persona alguna.”
Durante la estancia del Procurador en Senz, se reunió también con el Concejo de Viú, pues, como explica el notario en su escrito: “Por ocasión de la mucha nieve que había en dicho lugar y camino y que por ella no se podía subir a dicho lugar (de Viú) y que el camino para ir a él estaba intransitable...".

La misma dificultad, propia del tiempo invernal, encontraron las autoridades enviadas por el Obispo para ir a Barbaruens, donde tampoco pudieron llegar: “Eodem die, en los términos del lugar de Barbaruens en dichas letras mencionado y confrontado y en la partida llamada “Piedra redonda” y camino público que se va a dicho lugar, que por causa de la mucha nieve y estar mucha parte della helada, no se puede subir a dicho lugar...”.

Y la escena se volvió a repetir en la visita programada a Relespe, cuyo acto de posesión tuvo que celebrarse en Las Colladas, pues, como se dice en el documento: “... y por estar como está el dicho lugar de Relespe muy alto y por lo dicho impedido el camino real para subir a él por ocasión y a causa de las muchas nieves que en él había, y en señal de verdadera posesión le cogió de la mano derecha y le paseó por la calle de dicho lugar y hizo otras cosas denotantes de verdadera, real, actual y corporal posesión de dichos lugares...”.

Pero, lo que nos llama más la atención es que la comitiva enviada por el Señor Obispo de Barbastro parece que no fue muy bien recibida en algunos lugares, o, mejor dicho, no fue recibida en absoluto, porque los vecinos optaron por desaparecer del pueblo mientras estuvieran presentes tan ilustres visitantes, salvo un par de jurados, que se quedaban en el pueblo para atenderlos. Eso es lo que ocurrió allí en Las Colladas donde, acabada la toma de posesión de la iglesia, el Procurador les pidió a los Jurados que congregaran el Concejo General, pero ellos le dijeron que aunque era verdad que “el Concejo General de dicho lugar se acostumbraba de tiempo inmemorial a esta parte a congregar y ajuntarse en el dicho lugar de Las Colladas, pero que por la presente no era posible convocar y congregarlo por estar como estaban solos los dos en dichos lugares respectivos, por haberse ido los vecinos dellos de dichos lugares y que, como tales Jurados y en sus nombres propios y en nombre y voz de dicho General Concejo, se ofrecían prontos y aparejados a prestar dichos homenajes de fidelidad a dicho su principal como señor temporal que es de dichos lugares..”.

Lo mismo pasó en Morillo de Liena, donde, después de tomar posesión de la iglesia, el Procurador quería recibir el Juramento de fidelidad del Concejo:

“Y hecho lo sobredicho in continenti y en dicho lugar de Morillo de la Liena, el dicho Juan Thomás Pérez en nombre de dicho su principal, como Señor sobredicho, en presencia de mi dicho notario y testigos arriba y abajo nombrados, pareció ante la presencia de Gerónimo Ferraz, Bayle, y de Juan de Tolo, Jurado del mismo lugar, a los quales en nombre y voz del, para fin y efecto de que prestara el dicho General Concejo de aquél los homenajes de fidelidad a dicho su Principal, les requirió congregarse y juntarse en el dicho General Concejo así, de no hacerlo protestó de lo que según fuero, derecho o en otra qualquiera manera podía y debía protestar. E los dichos Bayle y Jurado arriba nombrado dixeron y respondieron que estaban solos en dicho lugar y que todos los vecinos y habitadores del faltaban y estaban ausentes de dicho lugar y sus términos, y que en quanto ellos se ofrecían juntos y aparejados a prestar la homenajes de fidelidad a dicho señor obispo en la forma acostumbrada y el dicho Juan Thomás Pérez, procurador sobredicho. Oída la dicha relación en fuerza de dichas letras, y continuando las susodicha posesión, se asentó en un banco de piedra que en la dicha calle había y, estando asentado, los dichos Géronimo Ferraz, Bayle y Juan de Tolo Jurado de dicho lugar de Murilllo, en sus nombres propios y en nombre y voz de dicho Concejo, en la forma y ceremonia acostumbrada juraron por Dios sobre la Cruz en poder y manos de dicho Procurador, y en fuerza de dicho juramento dixeron que en sus nombres propios y como concejantes de dicho lugar y en nombre y voz de dicho Concejo y singulares personas, vecinos y habitadores de dicho lugar de Morillo, dixeron que prestaban, como de hecho prestaron, los homenajes de fidelidad al dicho su Principal, como fieles vasallos suyos y que obedecían y obedecerían sus órdenes y mandatos como a señor temporal sobredicho...”.
Como último ejemplo de este "desacato" a la autoridad, nos trasladaremos a Urmella. Llegado el momento de reunirse con el Concejo General para el juramento de fidelidad, el Procurador, el notario y su comitiva comprobaron que ningún vecino se presentaba, ni los jurados... Entonces:

“El dicho Procurador preguntó a una mujer que en dicho lugar había, si sabía adonde estaban el Bayle, los Jurados y los demás vecinos de dicho lugar y habiendo respondido en presencia de mi dicho notario y testigos infraescriptos que no había hombre alguno en dicho lugar por dicha ocasión, el dicho Procurador fue por tres o quatro casas que hay en él preguntando y investigando sus vecinos, y no habiendo hallado persona alguna protestó de que no estaba por él el no recibir dichos homenajes, sino por la sobredicha ausencia de los Bayle, Jurados y vecinos de dicho lugar”.
Una vez más, los documentos nos acercan a una realidad muy diferente a la que habíamos imaginado: a pesar de los miedos a la autoridad religiosa o civil (estamos hablando del siglo XVII) nuestros paisanos han encontrado siempre (o casi siempre) el modo de manifestar su voluntad y de hacerse oir, aunque sólo fuera con su silencio...


(Fotografías de: "El Esera, paisaje nevado" (Javier Fuster); M. J. Fuster (Senz); Seira (M. C. Carrera); Barbaruens (M. C. Carrera); Urmella (M. J. Fuster)




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