domingo, 16 de octubre de 2011

Para llegar a Las Vilas


Un camino con dificultades

















La carretera a Las Vilas empezó a construirse, según la documentación que aporta Antonio Castel Ballarín, el año 1929. No obstante, F. Seral y Casas refería en su "Estudio Científico de las aguas Minero-Medicinales de Las Vilas del Turbón", el año 1934, que para acceder a dicho lugar a tomar las aguas la dificultad del camino todavía era grande, pues "desde la villa de Campo, en donde terminaba la carretera hasta la fuente, había que recorrer durante cuatro horas un camino de herradura de mulo. A pesar de los peligros del viaje y del incómodo alojamiento en las casas del pueblo, gentes de la región desafiaban gustosas los riesgos y molestias del viaje con tal de permanecer unos días cerca de la fuente".
Parece ser que hubo algunos problemas con esta carretera, tanto en la concesión de las obras como con la financiación (como iremos viendo más adelante, en otros comentarios). Transcribiremos a continuación, unos párrafos de la nota aparecida en "El Diario de Huesca" del 5 de Septiembre de 1931, dedicados a este tema de la carretera de Las Vilas, en la que se da cuenta de la decisión de la Asamblea de Diputaciones celebrada en Madrid el día anterior, 4 de Septiembre. En dicha Asamblea se acordó instruir un expediente sobre el acuerdo que motivó la construcción del camino a las Vilas del Turbón:


"Con una hora de retraso a la anunciada se reanuda la sesión, comenzando con la aprobación de varias certificaciones de obras, ente las que se halla una relativa el célebre y manoseado camino de las Vilas del Turbón.

El señor Aso manifiesta que antes de que sea aprobada esta última certificación, debe estudiarse detenidamente el asunto, ya que a su parecer ha habido irregularidades, al aprobar tan preciditadamente el proyecto con la única intención de comenzar seguidamente los trabajos.

Agrega que ya desde sus comienzos se falseó la verdad, puesto que en una certificación de ingeniero se decía que el tramado de esta carretera debía pasar por las Vilas del Turbón, justificándolo en que este pueblo tenía 75 habitantes y ésto es falso, puesto que solamente hay 55.

Se extiende en otras consideraciones sobre este mismo asunto, resaltando las inmoralidades que se han cometido y propone que se declare lesivo el primitivo acuerdo.

La presidencia se hace eco de las públicas censuras que contra este proyecto se hacen y propone como única solución y así se acuerda, que la actual Comisión gestora no pueda hacerse cargo de las responsabilidades que pudieran derivarse por la construcción de este camino, que se instruya un expediente de investigación y que se aprueben las certificaciones, pero siempre a reservas del resultado del expediente.
Terminado este leve "debate" se "cobean" los señores Ferrer Gracia y Aso".

Antes de que se construyera la carretera, para llegar al Manantial los clientes tenían que organizar la última etapa desde nuestro pueblo. Nos cuenta Antonio Castel que el señor Ant0nio Abad (casa del Ministro) disponía de mulos convenientemente preparados y equipados para realizar el transporte de viajeros. Los veraneantes llegaban a Campo, se hospedaban en el mesón de Josefa y concertaban el viaje con el señor Antonio. Al día siguiente, a lomos de una caballería emprendían el camino tortuoso y pendiente hasta las Vilas. La ruta que se seguía pasaba por el Obago, Espluga, Egea y Las Vilas. El día convenido, volvía el transportista a Las Vilas para recoger a los clientes y bajarlos a Campo, desde donde emprendían el regreso a sus hogares. Muchos de ellos venían de Lérida, Zaragoza o Barcelona.

El trayecto Campo Las Vilas estaba bien atendido, pues también prestaba el mismo servicio el señor Justo de Catalina. Y, a pesar de los problemas que hubo con la construcción de la carretera, ésta ya estuvo terminada cuando se inauguró el hotel, el domingo 16 de julio de 1933.



(Fuentes: Hemeroteca Diario del Altoaragón y Antonio Castel Ballarín. Fotos: Imágenes del pueblo de Las Vilas y del balneario, gentileza de J. A. y E. López; Sillas de caballerías, para transportar a los viajeros que iban a Las Vilas, Antonio Castel Ballarín; el Turbón, J. L. Pallaruelo).

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