miércoles, 5 de octubre de 2011

Oficio: Alpargateros y zapateros






Dime qué calzas,

y te diré quién eres





Antiguamente, el calzado que más utilizaban los vecinos de Campo eran las abarcas o albarcas, que estaban hechas con piel de cordero, aunque después también se hicieron con goma de los neumáticos de coche. Y a finales del siglo XIX, principios del XX, nos cuenta Antonio Castel Ballarín, en su recopilación de los oficios de Campo, que los vecinos más pudientes comenzaron a usar los zapatos de corte bajo y en invierno utilizaban borceguíes, sobre todo si había nieve. Pero, lo habitual era que los domingos y días festivos tanto los hombres como las mujeres usaran alpargatas.
Había varias clases de alpargatas, aunque fundamentalmente eran de dos tipos: las llamadas "normales", con una simple cuerda y otras más complejas que se llevaban con el traje baturro y tenían una serie de cuerdas de algodón de color negro, que se encaramaban por la pierna para que quedaran bien atadas y se llamaban "alpargatas a lo miñón" o "miñoneras". Además de estas denominaciones, encontramos también las de "alpargatas abiertas y "cerradas" y "blancas y negras".
En los comercios de Campo a principios del siglo XX las alpargatas eran uno de los artículos más vendidos. Disponemos de información sobre algunos precios:
En el año 1885 un par de abarcas costaba 4 reales; en 1894 unas alpargatas forradas de invierno valían 2,20; en 1901 unas alpargatas catalanas finas costaron 2,20 pesetas; en el año 1909 un par de alpargatas de mujer costaban 1 peseta.
Posteriormente se fabricaron alpargatas en casa de Perico de Aventín. Allí, trabajaban la suela de cáñamo con las cuerdas que habían preparado y trenzado en casa de Boyón, y la familia de Perico Aventín hacía todo el proceso restante, cosiendo a la suela la tela recia con hilo fino, también de cáñamo.
Más tarde, trabajó otro alpargatero en Campo, que fue el señor Joaquín Porté. Tenía una alpargatería en la calle de San Antonio y llevaba a cabo el mismo trabajo que se hacía en casa de Perico Aventín.
Curiosamente, no hemos encontrado en ningún censo de finales del siglo XIX ni principos del XX (concretamente hasta el censo de 1930) ninguna persona que se dedicara "oficialmente" a la actividad de alpargatero, y mucho menos zapatero. No obstante, en algún documento notarial antiguo hemos visto que se atribuye este oficio a vecinos de Campo. Concretamente, podemos recordar una escritura de compraventa del 14 de febrero de 1696, en la que Martín Rubiella compraba un prado y firmaba como testigo Francisco Trajat alpargatero, vecino de Campo.
Al popularizarse el uso del zapato, varios artesanos de Campo se dedicaron a su fabricación. El primero de ellos José María Blanch, que tuvo su taller en el Cantón. Probablemente por su vinculación con los Blanch de Tortellá (la Garrotxa) y con Manuel Rabert Falgarona (zapatero, que construyó en Tortella la Blanquería, una fábrica de ablandar cuero destinado a la fabricación de calzado), el primer calzado que hizo fueron las chirucas, con suela de goma y el corte de badana marrón con tiras de piel. Las hacían a medida y las cosían con hilo de cáñamo que untaban con pez, para que fueran resistentes. Para las mujeres se hacían sandalias y abarcas.
También fabricaban borceguíes, con clavos que le preparaba el herrero Antonio Sanz Pallaruelo y que eran de tres clases diferentes, según dónde tuvieran que ir colocados. El Sr. Alfredo Santorromán cuando tenía 15 años entró como aprendiz con él y aprendió el oficio. Después de la Guerra del 36 se estableció por su cuenta.
Otro zapatero que trabajó mucho en Campo fue el Sr. José Guillén Peiret. Tenían una zapatería familiar y al fallecer su padre siendo él muy niño (tenía 12 años), tuvo que aprender el oficio de forma autodidacta, a fuerza de practicar. Tuvo la suerte de que después de la Guerra vino a Campo un soldado de Madrid que era zapatero y se ofreció a echarle una mano en su tiempo libre, así José pudo aprender muchas cosas del oficio. Cuando se marchó el soldado, contrataron a un zapatero de Villanova. Después siguió cursos por correspondencia, para aprender la técnica y el dibujo y empezó a abastacer la demanda no sólo del mercado de Campo sino también de los pueblos vecinos. Tuvo a muchos aprendices en su casa, donde estaban a pensión completa mientras aprendían el oficio.

En el Censo Electoral de 1930 se menciona a:
Antonio Ferraz Sacín, de 42 años, viviendo en la Plaza, nº 14, profesión Alpargatero; Antonio Mur Clavería, 40 años, domicilio c/ Iglesia, nº 17, Zapatero; José Guillén Palacín, 25 años, c/ San Antonio, nº 10, Zapatero.

(Fuentes: Información de Antonio Castell Ballarín y Censos Electorales siglos XIX y XX (hasta 1930). Fotos gentileza de: "Albarcas" del blog "Nabatiando"; "Alpargatas" del blog "Ay, Carmela! recreación histórica" y fotos del Sr. Alfredo Santorromán trabajando, de Antonio Castel).


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