martes, 28 de julio de 2015

Sin palabras tiernas (o pocas)






Para los zagalons
y zagalonas


He querido acordarme de las palabras que oía utilizar en Campo, para dirigirse, referirse o describir a los más pequeños de la casa y, la verdad, es que si la memoria no me falla, creo que había bastante más despectivas que afectivas. Aunque, dicho sea de paso, algunas de ellas que en principio no son precisamente tiernas (como ratonón, etc.) dichas con cariño pasan por afectuosas. ¿Será que hacemos como algunos pueblos de culturas lejanas, que para no despertar la envidia de los dioses no les dicen cosas bonitas a las criaturas?
Bueno, a lo nuestro, estas palabras, que no digo que sean aragonesas cién por cién, pero que puedo asegurar que eran de uso corriente hace unos 60 años en nuestro pueblo, suenan así:
A los chiquinins (y más mayorcitos) de la casa, además de ratonons se les decía a ellos o se decía  de ellos que estaban apoltronaus (vagos, apáticos), atontolinaus, que eran unos botarates,  caguetas (miedosos), chanchulleros (liosos), charretas o charraires, chinchiperas, corre ve y diles,  desgraciaos (podía significar infeliz, en el sentido de "es un desgraciado" o despreciable: "desgraciau, más que desgraciau), desustanciaus (sosos), enrredadors (traviesos), esmirriaus (delgaduchos), esperdulaires (despistados, que lo pierde, todo), escuchimizaus (enclenques), fierezs (feítos), fozín (bruto), granujas, lamineros (que les gusta mucho el dulce),  mamelucos (brutos), mal bicho, malo como una tronada (malo como una tormenta)mandián, mandianet (bobo, bobito), mandrán (perezoso), mandrugo (torpe), mequetrefe, miquileles (poquita cosa), mocosos, mostrencos (brutos), pánfilos (tranquilos), pelandrusco/a (zafio/a), pioradós (llorones), pixosos (que se hacían pipí)rabiosos y rabiosets, rabosos y rabosetas (retorcidos, con segundas intenciones), refunfuñadós (quejicas), romanceros (protestones),  roñosos (quejicas),  simple y simplón (sin mala fe)tarambán o tarambana (locuelo), tiquismiquis (puntilloso), tonto de capirote (muy tonto), trapacero (mentiroso), turrullón (revoltoso), zamueco (tontorrón, corto)... O que iban o estaban arguellaus (macilentos),  bafurosos (desaseados, sucios, sobre todo la cara),   esturrufaos (cuando iban con el cabello revuelto), malfarchaus y  maltrajiaus (mal arreglados), zalapastrosos (desarreglados)...
Aunque, a veces, cuando los adultos miraban o hablaban con un niño, también se les escapaban de sus labios cosas dulces, como "es alegre como una cardelina" (jilguero), o "es un alma bendita" (bueno, tranquilito),  angelico, boleta de manteca, bonico/a, bueno como un pedazo pan, chiquirrín, espabilao, listo como un esparveret (que no se le escapa una, rápido como un ave rapaz), espingardetguapichón/a,  gurrionet, infeliz (de buena fe), majo como un solmajichón/a, "pan bendito", pincho/pincha (arreglado/a), ravachol y ravacholet, tieset (bien plantado), zalamero/a, zagalón y zagalona... Y, además de todo esto, seguro que una madre encontraba otras muchas palabras cariñosas para decirle a su hijo. Y un padre, también.



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