jueves, 25 de junio de 2015

Las cerezas

Palabras al viento   

Goya. Niños trepando a un árbol 
     
En el huerto de casa había tres cerezos, dos de ellos daban una cerezas grandes y un poco anaranjadas que no eran muy dulces, pero el tercero tenía unos frutos pequeños, de un rojo intenso y muy sabrosos. Nos comíamos las cerezas anaranjadas porque no había otra cosa, pero las que estábamos esperando con ganas eran aquellas tan rojas...
Me contó Xavi de Begué una anécdota que espero que no le importará que de a conocer. Tampoco se si será muy exacta porque no tomé nota por escrito, pero en esencia es esto:
Me explicó Xavi, con su simpatía habitual, que no sólo nosotros esperábamos que maduraran aquellas cerezas, sino que sus amigos y él, también. Un año, cuando eran unos críos de pantalón corto, se dieron cuenta que ya había llegado la hora de la degustación y que tenían que hacer una excursión al huerto. Fueron en cuanto pudieron al huerto y se subieron al cerezo él y sus dos compañeros, para saborear los deseados frutos, pero, cuando más entregados estaban en la tarea, arrancando con impaciencia cerezas y hojas para comer más rápido, alguien dijo ¡el señor Daniel! ¡el señor Daniel!
Rápidamente evaluaron la situación de peligro en la que se encontraban y, comprendieron que se podía armar un follón si saltaban del árbol en aquél momento y eran descubiertos, así es que sin intercambiar palabra alguna, se pegaron a la rama que les aguantaba y  procuraron camuflarse entre las hojas lo mejor que pudieron.
Llegó mi padre paseando tranquilamente y se paró debajo del árbol. Entonces, sacó su paquete de tabaco, tomó un cigarrillo, lo encendió con calma y echó el humo por la boca mientras elevaba la vista hacia arriba y se paralizaba el corazón de los intrusos. Al poco, le oyeron hablar y decía:
"Ya han venido otra vez a robarme las cerezas. Se nota que no soy suyas, porque hay que ver cómo tratan al pobre árbol, que le rompen las ramas y le arrancan las hojas. ¿Qué culpa tiene el árbol de dar buenas cerezas? ¿Quién puede ser tan desastrado para tratarlo tan mal? deben ser críos, que no saben lo que hacen, porque alguien con un poco de seso no hace esta barbaridad. ¡Cómo sepa yo quienes son, van a acabar mal! Igual los llevo a la Guardia Civil, para que los escarmienten y los dejan una noche durmiendo en la cárcel. Aunque, también me sabe mal, porque tienen que ser hijos de algún conocido y como sus padres supieran lo que han hecho les darían una buena...".

Y así mi padre fue haciendo sus reflexiones en voz alta, mientras Xavi y sus amigos las absorbían palabra a palabra. Cuando se marchó de allí, caminando tranquilamente, ellos saltaron del árbol todo lo rápido que pudieron y salieron corriendo "a todo meter" y nunca más volvieron por allí, porque les hicieron más efecto  aquellos razonamientos que cualquier bronca que hubieran podido recibir.
¡No sabía yo que el señor Daniel fuera tan buen actor! Gracias, Xavi.


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