miércoles, 22 de febrero de 2012

El oficio de pastor


Una historia de Navidad


Joaquín Ballarín Pocino cuidaba del rebaño de su familia con dedicación y cariño, que queda bien patente en la historia que le contó a Antonio Castel y que éste nos ofrece en su libro sobre Campo. Dice así:
"El pastor y la Nochebuena.- La tarde del veintitrés de diciembre de mil novecientos setenta y cinco había sido intensamente fría; sobre las cinco de la tarde empezó el día a despedirse. De un cielo plomizo descendía una gélida lluvia mezclada cn copos de nieve; la humedad no permitió que la nieve cuajara en el monte.
Camino hacia casa: Joaquín arreó el ganado con cierta celeridad hacia el corral; apenas entró el rebaño, se dio cuenta inmediatamente: faltaba una oveja. Las contó y volvió a contar para cercionarse bien, no había duda, salía una de menos. Pensó enseguida: se habrá quedado en Naspún, al lado de alguna carrasca, donde habrá tenido la cría. El instinto de los animales es muy acusado, la oveja no abandona al hijo recién nacido, permanece junto a él protegiéndolo y, en su caso, defendiéndolo. Aquél día 23 no daba más de sí, la noche se echaba encima rápidamente, la fría lluvia aumentaba por momentos. Tanto el Caixigá como Naspún quedaron envueltos por la lluvia y la niebla. Mañana, se dijo Joaquín, saldré en busca de la oveja y del cordero.
Búsqueda: Al día siguiente, veinticuatro de diciembre, Nochebuena, salió hacia el lugar del pastoreo del día anterior. El inclemente tiempo seguía igual. Partió de casa con el zurrón al hombro y e palo de pastor en la mano, como de costumbre. Enfiló el camino del otro lado del río, escaló el tozal de las Parcions recto hacia arriba, tomó el camino de Naspún, suave y fácil, una vez arriba se internó en el carrascal.
Hallazgo: Llamó varias veces a la oveja por el nombre genérico, se internó y anduvo entre encinas, arbustos y matas; de pronto contemplónel espectáculo: protegida por un matorral estaba la oveja, tras ella un corderillo negro recién nacido; delante de los dos, una astuta zorra iba de un lado para otro intentando colarse y arrebatarle al recíen nacido. La madre lo defendía con valor, cabezazo a derecha e izquierda, siguiendo la dirección de ataque de la ladina zorra que no cejaba en su empeño de arrebatarle al recién nacido.
Defensa: Joaquín no dudó un momento, tomó el palo por una extremidad y... no le dio tiempo, el zorro, al apercibirse, huyó perdiéndose en el espeso encinar. Agarró el cordero por las patas delanteras, la madre le seguía detrás solícita. Desde lo alto de Naspún contempló aquél pueblo que dentro de pocas horas celebraría la Nochebuena. Pronto encenderían la Fogata de la Plaza.
Dejó constancia: El, antes de abandonar Naspún, quso dejar constancia del día y del hallazgo del cordero: sacó la estraleta del cinto, subió a una carrasca y la podó, dejándola en forma de copa redondeada y pulida. Siguió nuevamente el camino de regreso, mirando varias veces hacia lo alto de la montaña, en la línea divisoria de cielo y monte, distinguió la carrasca que acababa de podar ¡que bonita aparecía significándose de las otras! Llegó al pueblo, dejó la oveja y cordero en el corral con el resto del rebaño, al entrar todas las ovejas levantaron la cabeza en señal de saludo. Fue a la Plaza y se acercó a la Fogata que estaba muy concurrida, calentó las manos que tenía muy frías y contó lo que le había acontecido- "Todos los años, comenta Joaquín, el veinticuatro de diciembre subo y retoco un poco las ramas de la carrasca, se ve muy bien y se distingue de las otras perfectamente. Mira, es aquella que aparece un poco solitaria". Miré hacia Naspún y divisé la carrasca que me decía Joaquín y que había podado la tarde de una Nochebuena. Es una fecha, me dice, que no puedo olvidar".

(Fuente: Antonio Castel. Fotos gentileza de Pedro "el Pastor", autor de la de Joaquín Ballarín contemplando el pueblo y la de él mismo con el rebaño. El Monte de Naspún, de Manuel Garanto. La Fogata de Nochebuena, de Pepe Garanto).

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