lunes, 9 de diciembre de 2013

Oficio: herrero




Un trabajo duro y necesario


El oficio de herrero es uno de los más antiguos que se conocen. En un principio, con el nombre de herrero se designaba a la persona que trabajaba el hierro, comprendiendo esa actividad diferentes funciones. Con el paso del tiempo y la especialización se fueron desgajando de esta denominación otros oficios, como calderero, “ferradó” (el que ponía las herraduras), etc. No obstante, en los pueblos pequeños sólamente solía haber un herrero que atendía toda la demanda local, e igual hacía las herramientas para las tareas del campo (arados, picos, hachas, palas, etc.), como para el transporte (piezas para carros y carretas) o todo lo que era menester para la construcción de las casas y necesidades domésticas (barandillas para los balcones, camas, utensilios de cocina, estufas, llaves...), sin olvidar una de sus tareas más frecuente: herrar los caballos.
Desde la aparición de la metalurgia del hierro hasta principios del siglo XX, las técnicas del oficio de herrero no experimentaron gran evolución. En el transcurso de los siglos, básicamente los instrumentos que eran necesarios para este trabajo eran la fragua, donde se calentaba el metal sobre las brasas del carbón, avivando el fuego con un manchón o fuelle que se accionaba manualmente, y el yunque, donde el herrero golpeaba el hierro hasta darle la forma deseada. Las herramientas que se podían encontrar en su taller eran las tenazas, piedras de afilar, limas, taladros, martillos, clavos, etc.
El forjado del hierro se hace cuando el herrero, ayudándose de repetidos golpes, va dándole la forma deseada a la pieza de hierro candente que trabaja sobre el yunque.
En cuanto a los materiales básicos que necesitaba el herrero, hay que mencionar el hierro y el carbón. En la antiguedad el herrero participaba en todo el proceso de transformación de la materia prima del mineral de hierro o mena, pero posteriormente podía encontrarlo y adquirirlo en el mercado ya listo para trabajarlo.
Por lo que se refiere al carbón, ocurrió algo parecido. Antiguamente se consumía el que se obtenía en los bosques comunales a partir de la combustión lenta de la madera de pino, pero después se utilizó el carbón mineral, que calentaba más rápido.
A principios del siglo XX gracias a la aplicación de la energía eléctrica se produjo la verdadera transformación en las técnicas de trabajo, pues se pudo disponer de motores eléctricos para accionar aquellos que facilitaban diferentes funciones.
Del primer herrero que tenemos noticia en Campo fue de Pedro Zazurca Ferraz, que vivió en Campo a principios del siglo XVII. Cinco de los testimonios del expediente de Limpieza de 
Sangre de su hijo, Francisco Zazurca de Mur, manifiestan que era labrador y herrero, dos de ellos son más minuciosos y puntualizan que era “labrador principalmente y conocía el oficio de herrero” y otro explica que ejercía “el arte del bronce”. 
Queremos señalar, que compaginar el trabajo como labrador mientras se desempeñaba también el oficio de herrero, no era algo excepcional en aquella época, sino que era lo habitual. Fue posteriormente cuando fue profesionalizándose el oficio, que ya requería plena dedicación.
El hecho de que para efectuar la mayor parte de los trabajos en la herrería se necesitara la participación de al menos dos personas, propiciaba el que el herrero recurriera a la ayuda de alguno de sus hijos o algún miembro de la familia y así, mientras aprovechaba esa ayuda, el herrero enseñaba el oficio.
Por lo que se refiere “al arte del bronce” queremos confesar que no sabemos muy bien a qué se refiere. El bronce, aleación de cobre y el estaño, se ha usado fundamentalmente para la fabricación de campanas y otros usos ornametales. Quizás nuestro antepasado Pedro Zazurca Ferraz hacía objetos artísticos, de ahí el afán de todos los testimonios en diferenciar lo que debía ser un oficio más creativo y valorado, del de solamente herrero.
Después de los Zazurca tenemos noticias de otro herrero llamado José Pallaruelo Abad, que en 1836 firmó un contrato como tal con el Ayuntamiento de Campo, para la reparación del molino. Le sucedió en la fragua su hijo Joaquín Pallaruelo Peired, que vivía en la c/ San Antonio, n° 14. Posteriormente, nos consta que se quedó al frente del negocio familiar Melchor Pallaruelo Sanmartín, hijo de Joaquín Pallaruelo Peired y de Teresa Sanmartín Prades. Melchor habitaba en c/ la Iglesia, n° 33 y se casó con Trinidad Auset Güerri (hija del molinero). Una hija suya, Basilia Pallaruelo Auset, contrajo matrimonio con Antonio Sanz Miró, que también era herrero.
Los Sanz han sido una familia de herreros que ha trabajado en Campo a lo largo de los años, sucediéndose en esta profesión una generación tras otra y alcanzando una gran reputación profesional. El primer Sanz de la saga vino de Laspuña, por eso se conocía en nuestro pueblo como "el ferrero de Laspuña". Una de sus especialidades fue la fabricación de hachas (astral o estrales, se llaman en nuestra tierra). Las hacían de todos los tamaños y abastecían a toda la provincia. Incluso mandaron grandes cantidades a Guinea, cuando era colonia española.  
En el Listado de vecinos del año 1890 figura como herrero Antonio Sanz Bernad, que también encontramos en el Censo Electoral de 1904, con domicilio en la calle San Antonio, n° 14.
Además de Antonio Sanz en el Censo Electoral de 1904 también aparece mencionado como herrero Juan Salanova Subía, de 34 años, que vivía en la calle del Medio, n° 2, aunque en censos posteriores ya no lo encontramos.
En 1910 se menciona como herrero Melchor Pallaruelo Sanmartín, de 39 años. En este censo también consta como herrero Antonio Riu Lacorte, de 42 años, que vivía en c/ la Iglesia, n° 30.
En el Censo Electoral de 1930 aparece todavía Antonio Sanz Bernad como herrero, con 70 años de edad, y también figura con esta profesión su hijo Antonio Sanz Miró, de 41 años, cuyos descendientes aprendieron el oficio y algunos de ellos los han perpetuado hasta nuestros días.
Como solía ocurrir con otros gremios y oficios, antiguamente era muy frecuente que a la hora de casarse se buscara pareja entre personas del mismo medio profesional. Además de la unión ya mencionada entre Melchor Pallaruelo y Trinidad Auset, también hemos encontrado en 1898 el registro del matrimonio de José Pallaruelo Subirá, de la familia de herreros de Campo, con Rosario Plana Franco, hija de Benito Plana, herrero de Graus, y Joaquina Franco.
Para terminar, solamente nos queda mencionar a otra saga familiar, que ha estado trabajando en este oficio en Campo durante el siglo XX. Se trata de la familia de Joaquín de Mur, de "casa la Vitoria", que tenía la fragua en la calle del Ballo. Sus descendientes continúan con el negocio familiar, pero ahora en un taller al lado de la carretera.  

(Imágenes.- Thomas Hovenden: Village Blacksmith. Dibujo de Vincent Van Gogh) 



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